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View Full Version : fanfic Saint seiya: Reencarnación


scorpion.no.milo
12-ago-2008, 23:14
hola! me preguntaba si puedo postear aki un fic que tengo, bueno en realidad son 2 XDDDD pero empezaré por este. os dejo el comienzo y ya me decis si no, moved el tema ok? gracias!

REENCARNACIÓN
La batalla entre la luz y la oscuridad

Por Virginia Antón y Blanca García


Capitulo I
“Volver a Nacer”

Todo en aquel lugar era oscuridad, salvo un extraño fulgor que provenía de algún pequeño pedazo de tierra negra cual carbón, frente al enorme muro donde los seres humanos estrellaban sus penas como si de puños heridos se tratase. Aquel muro que doce Santos consiguieron mellar.
Un gran boquete se vislumbraba tras la neblina que trataba de volver a empañar la zona frente a aquel gigantesco y pétreo muro.
Saga, Caballero dorado de Géminis, vestido con su armadura, apretó sus párpados, así como lo hicieron Shaka, Mü y Aioria, que yacían a su lado.
- Saga: Mph… parece que… seguimos en el Hades…. – dijo Saga, mirando a su alrededor.
- Shaka: ¿He… hemos…? – El Caballero de Virgo, perplejo, se tocaba la frente.
- Aioria: ¿Estamos vivos? Pero…
Dohko alzó la cabeza y se arrodilló.
- Dohko: Eso parece… Creo que Athena no solamente resucitó a sus caballeros, sino que también nos protegió a todos…
- Mü: ¿A todos…? – El Caballero de Aries se había levantado y también miró a su alrededor.
- Aioria: Y… y… ¡¿y mi hermano Aioros?!
Todos guardaron silencio, sólo Saga se atrevió a hablar.
- Saga: Aioros ha desaparecido…
- : Pero… si todos estamos vivos… de nuevo, por segunda vez, o las que sean…
Los que había despertado miraron frente a ellos y vieron a Milo, Caballero de Escorpio, levantarse algo magullado.
- Milo: … ¿Dónde demonios está el hermano de ese gatito?
- Mü: vaya, Milo, tú también estás vivo…
- Milo: ¿Qué esperabas de un escorpión? – Se sonrió el joven santo con chulería y dolor.
Camus alzó su cabello verde acuoso y, con expresión serena, se levantó como bien pudo.
- Camus: Nuestros cuerpos están intactos… y me atrevería a decir que los suyos también…
El Caballero de Acuario miró a sus compañeros aún en el suelo: Aldebaran, Death Mask, Shura y Aphrodite; cuando el Caballero de Tauro se levantó y se sentó cruzado de piernas, tocándose la cabeza, sin su casco, que estaba tirado junto a él.
- Aldebaran: Auuuuhh… ¡Vaya golpazo…! Está vez creí que de verdad moriríamos, pero, al parecer, no soy el único que tiene la cabeza dura en este sitio… ¿y mi casco? – Dijo, buscándolo, girando la cabeza de un lado a otro.
- Milo: Pues por eso me extraña que Aioros no esté aquí, con nosotros…
- Camus: - de brazos cruzados y ojos cerrados – pues por eso mismo no debería extrañarte, Milo…
- Aioria: ¿Insinúas que se marchó de aquí tan campante? ¡Mi hermano jamás se iría dejándonos atrás malheridos!
- Camus: yo no he dicho tal cosa, Aioria…
- Mü: cálmate, Aioria. A lo que Camus se refiere es a que Aioros puede que se adelantase y cruzase al otro lado del muro.
- Aioria: Grmmm…
- Milo: ¿Al otro lado…? Sabes perfectamente que eso es imposible, Mü, y tú también, Camus. Yo no digo tampoco que huyera, pero… desde luego, tampoco está aquí…
- Aioria: pu… puede que… ¡le haya ocurrido algo!
- Saga: será él quien nos lo explique cuando aparezca – dijo el geminiano, adelantándose de repente. – Ahora lo principal para nosotros es averiguar qué le ha ocurrido a Athena. Llevamos demasiado tiempo durmiendo…
Saga se giró hacia el muro, así como Aioria, Shaka (con los ojos de nuevo cerrados) y Mü, que lo observaron con expresión preocupada y a la vez ceñuda; mientras que Milo y Dohko simplemente lo miraron de medio lado, desde su sitio, a ambos flancos del circulo de caballeros que formaban todos.
Por otra parte, Aldebaran encontraba su casco delante de Death Mask., que gritó de dolor al ser pisado por el enorme santo del Toro.
- Death Mask: ¡¡¡AAAGHK!!! ¡Idiotaaa! ¿¡¡Es que no tienes ojos en la cara o qué!!? – Dijo el santo de Cáncer al ser pisado de lleno en la espalda como si fuera una hormiga aplastada por un elefante (en este caso un cangrejo).
- Aldebaran: ¡Vaya! ¡Aquí estás! – Cogió el casco del suelo entre sus dos manos, todo contento y después se levantó, lo mismo que Death Mask, todo enfadado.
- Death Mask: ¡Maldito estúpido descerebrado! ¡¡¡Te voy a arrancar esa cara de imbécil que tienes!!!
- Mü: Death Mask… Aldebaran no te vio, y tú, Aldebaran, ten más cuidado y mira por donde pisas.
- Aldebaran: ¿Eh? ¿Por qué dices eso? – Pestañeó Aldebaran con perplejidad, sin entender de que hablaba el ariano.
- Death Mask: ¡¡De que me has pisado!! ¡¡¡IDIOTA!!!
- Aldebaran: ¿Unh? ¡Vaya! ¡Lo siento, Death Mask, no te vi! Pero, seguro que estás bien, ¿verdad? No ha pasado nada.
- Death Mask: ¿¡Qué no ha pasado nada!?
- Aioria: ¡Vale ya, Death Mask, cierra el pico!
- Aphrodite: ¿Unh? – Pestañea. - ¿Qué… qué ha pasado? Me duele todo… ¿estoy muerto…?
El caballero de Piscis se reincorporó un poco, tocándose la cabeza, de rodillas en el suelo.
- Shura: Es evidente, Aphrodite… no estamos muertos… - dijo el Caballero de Capricornio, levantándose a duras penas del suelo, intentando no mostrar dolor, mientras el pisciano miraba a su alrededor asombrado.
- Aphrodite: - Plik Plik (pestañeando)- Y… ¿cómo…?
- Milo: Athena, igual que nos resucitó… nos protegió con su cosmos…
- Shaka: unh… No sabemos cuanto tiempo ha transcurrido desde que intentamos derribar el muro hasta que hemos despertado…
- Mü: ni tampoco dónde están Seiya y los demás…
- Saga: si abrimos ese agujero en el Muro de los Lamentos… ellos deben haber ido a intentar entregarle su armadura a Athena.
- Aioria: ¡¡¡deberíamos entrar ahí dentro y destruir a Hades!!! – El Caballero del León alzó el puño, con decisión en la mirada.
- Milo: a mí también me encantaría entra ahí y patearle el culo a Hades. Pero no hay forma de cruzar ni con nuestras armaduras doradas. Sólo aquellas ungidas con la sangre de Athena pueden hacerlo.
- Aioria: ¿Entonces, que hacemos nosotros? ¿Sentarnos a esperar?
- Saga: Aioria, si Athena nos protegió de morir tras el impacto a todos nosotros, intuyo que no sólo es por el amor que pueda profesarnos…
- Mü: ¿Unh…? Saga… ¿quieres decir que…?
A Saga no le dio tiempo ni a afirmar ni a negar esto, cuando una voz les sorprendió a sus espaldas.
-: Lo que Athena quiso fue transmitiros un mensaje… SOBREVIVID.
Todos se giraron con sorpresa, y, a su espalda, vieron una figura alta y de vestimenta negra, una capa le cubría el cuerpo y la cabeza. Enseguida se pusieron en guardia, casi el total de los once, salvo Saga, Mü y Dohko.
- Milo: ¡Grrrk! ¿Quién eres? ¡Da la cara!
- Mü: - acercándose a Milo y sujetándole el brazo. – Calma, Milo. No es ningún enemigo.
El joven lemuriano sonrió hacia a aquella figura, que agarró la capucha con una de sus manos y se descubrió la cabeza.
- Dohko: Jum… intuía que pronto volveríamos a vernos, compañero…
Los once caballeros dorados observaron a Shion, antiguo caballero de Aries y patriarca del Santuario.
- Mü: ¡Maestro! ¡Estáis vivo! – Muy contento, el actual santo ariano sonrió ampliamente y soltó a Milo, que observaba al patriarca que se convirtió en espectro hacía sólo unas horas. Sin embargo, no llevaba armadura alguna puesta.
- Shion: Mü, Dohko, me alegro de veros otra vez, y tenéis razón, no vengo en calidad de enemigo, sino de mensajero.
- Saga: ¿Mensajero? ¿De quién?
- Shion: Athena resucitó mi cuerpo y mi alma, agradecida por mi ayuda en esta batalla, que ya ha concluido hace dos días.
- Aioria: ¿¡Dos días!?
- Shura: ¡No puede ser!
- Aphrodite: ¿¡Llevamos aquí dos días enteros!?
- Shion: así es. Athena protegió vuestros cuerpos y las armaduras con su cosmos, de modo que quedasteis inconscientes durante esos dos días. Yo he vuelto con Athena al Santuario y…
- Aioria: Espera. Shion… ¿y qué ocurrió con Seiya y los demás…?
Shion bajó la cabeza, apesadumbrado, sin contestar al Caballero de Leo.
- Mü: maestro…
- Shion: lucharon contra Hades, Hipnos y Thanatos en los Elíseos, junto a Athena. Ahora están en casa… no murió ninguno de ellos, pero Seiya…
- Aioria: ¿¡Qué le ha ocurrido!? – Muy preocupado.
- Shion: se encuentra en un coma profundo… del que nadie sabe si despertará. Hades atravesó su alma con su espada de muerte… ni siquiera Athena ha podido curarle…
Todos los presentes bajaron la cabeza con pesadumbre.
- Shion: el resto está bien. Athena les ordenó volver a Japón junto con Seiya, en compañía de su hermana Seika, que es quien se encarga de él. Sin embargo, nosotros debemos seguir protegiendo el Santuario; por eso ella me ha enviado, para pediros que regreséis lo antes posible…
Los Once permanecían en silencio absoluto, hasta que Milo le espetó al antiguo patriarca.
- Milo: ¿Volver…? Hades fue derrotado, ¿es que pasa algo más aparte de lo que nos has contado?
- Shion: Athena no me ha contado nada más… sólo me dijo que os trajera de vuelta.
- Aioria: ¡Shion! – Se acercó corriendo al maestro de Mü, cociéndole por un brazo. - ¿¡Sabes algo de mi hermano Aioros!?
- Shion: ¿Por qué me preguntas eso? ¿No está con vosotros acaso? - Mirando a todos lados.
- Camus: No, Aioros creemos que ha desaparecido… cuando despertemos… no se encontraba a nuestro lado.
- Shion: Debemos comunicárselo a Athena lo antes posible; vamos, volvamos al Santuario.
- Saga: De acuerdo. – Dijo Géminis, preocupado.
Los once Caballeros dorados acompañaron a Shion en su camino, pero de pronto, una voz les detuvo.
- : ¡Esperad!
Todos pararon al instante, poniéndose en guardia, parecía que era el día de las visitas inesperadas.
Sin embargo, Saga pareció reconocer aquella voz en el silencio sepulcral del mismo infierno.
- Saga: Ka… ¿Kanon…? ¿Es… estás vivo?
Sorprendido y con una alegría que no se veía muy a menudo en su rostro, miró hacia donde miraban todos delante de ellos. Allí apareció el Caballero de Géminis también, el gemelo de Saga.
- Kanon: Veo que ya pensabais en iros sin mí… Sí, claro que he sobrevivido, hermano…
Saga le observó. Desde que le había entregado aquel cofre con la daga que era capaz de matar a un dios, no había vuelto a verle. Ambos se miraron sin decir nada.
Kanon, herido, anduvo un poco como bien pudo hacia ellos, con la ropa a jirones, mientras que su hermano vestía una armadura reluciente.
- Kanon: sé que siempre voy por libre y que fui un traidor… af, af… pero… al menos, podríais esperarme…
De pronto, el gemelo de Saga se vino abajo y aquel corrió enseguida para cogerlo al vuelo. Saga lo sujetó y observó que estaba inconsciente y lleno de heridas.
- Saga: volvamos al Santuario, tenemos que curarle y descansar, después le pediremos a Athena que nos explique bien lo que sucede.

Y así lo hicieron. Sin más sobresaltos, regresaron al Santuario. Dejaron a Kanon en el hospital cercano a la Acrópolis para que fuera tratado por los médicos de la Fundación Graad de Saori Kido y pidieron audiencia ante la diosa Athena, quien los recibió en su cámara y les explicó lo ocurrido: lo mismo que Shion.
Sin embargo, preguntaron si ocurría algo más y por eso fueron protegidos por ella. Saori les contó que había sentido algo extraño, algo que no era bueno, una amenaza, pero que había sido muy leve; el motivo principal, por el cual les había protegido, dijo, era que todos ellos eran sus más fieles caballeros, se habían sacrificado por la humanidad entera, por ella y por Seiya y sus amigos, luchando contra sus enemigos hasta la muerte.
Los Once comprendieron el hecho y Athena les preguntó por Aioros y por Kanon, así que Saga le explicó lo ocurrido con el hermano de Aioria y con el suyo propio. Athena se sentía afligida, tanto por lo que le había ocurrido a Seiya como por Aioros, pues sabía que Kanon se recuperaría; pero ellos tenían un destino incierto…
La joven diosa les pidió a todos que ayudasen en la reconstrucción del Santuario, pues en la guerra contra Hades, quedó prácticamente destruido, sobretodo el Templo de Virgo y así lo hicieron, ayudaron en las tareas como cualquier otro soldado o caballero.


Saga acudió corriendo a la llamada de Athena.
Era un día soleado y él estaba ocupándose de la organización de las obras que en tres meses ya iban muy avanzadas.
- Saga: ¿Sí, Athena…? Af, af, af – Dijo, cansado, arrodillándose a los pies de las escaleras donde Saori se sentaba en un trono con su báculo en la mano. Ella se levantó y anduvo hacia él.
- Athena: Saga, levántate, por favor, no hace falta que hagas eso…
El caballero de Géminis alzó la vista y la observó mientras ella le sonreía, pero dándose cuenta de la melancolía que le rodeaba. Entonces se levantó, como ella le dijo, sacándole casi dos cabezas de alto.
- Athena: quería comunicarte algo antes de hacerlo oficial…
- Saga: ¿de que se trata?
- Athena: voy a nombrarte Patriarca del Santuario.
- Saga: ¿co… cómo? Pe… pero yo… - dijo, dubitativo y muy asombrado. – Yo no puedo ostentar ese cargo…
- Athena: sí, sí puedes. En mi opinión, y por mucho que le enfade a Shion, creo que eres el hombre y la persona más indicada para hacerlo.
- Saga: ¡Pero…! ¡Athena!
- Athena: ¿Acaso vas a discutir una orden mía, Saga? – Le dijo bromeando. – Además, creí correcto que Shion, después de entregar toda su anterior vida al Santuario, se merecía un descanso, o ser jubilado, como me dijo él que se sentía… - con cara de preocupación algo superflua.
- Saga: no, por supuesto que no voy a discutir una orden vuestra… peroo…
- Athena: tienes experiencia de sobra, ya verás, lo harás muy bien, Saga. – Ella le puso una mano sobre su hombro (allí donde llegaba…).
- Saga: ….. Em, está bien – un poco desconcertado - aunque creo que no me lo merezco, ya que yo cogí anteriormente el cargo por la fuerza…
- Athena: eso ya es agua pasada, además, no eras tú, sino tu lado malvado, que por fin se esfumó. Confío plenamente en ti, ^ ^ - Ella le sonrió con amabilidad de nuevo y dulzura, así que Saga al final lo aceptó de buen grado.

Esa misma tarde, fue anunciada la noticia por la diosa y Saga fue investido a la mañana siguiente.
Todos en el Santuario se lo tomaron bien, salvo Shion, que parecía molesto, refunfuñando por los pasillos, diciendo que Athena le consideraba ya senil…
A algunos les resultó algo raro acostumbrarse a que Saga, antes de cortarles la cabeza, les preguntar a su nombre y porqué se les acusaba y además después de un rato de charla, salir vivos de allí, sólo con el castigo de limpiar retretes del campo de entrenamiento de los caballeros, - ya que su “otro yo”, siempre acostumbraba a mandarlos al verdugo directamente, sin audiencia ni juicio alguno y sin ni siquiera una pregunta.
Saga era una persona muy noble y lo demostraba ahora más que nunca ya que representaba a Athena, sin embargo era estricto y no permitía que nadie se saltase una norma sin ser reprendido, aunque ni mucho menos como hacía antes…
Se preocupaba mucho por el orden y la disciplina de los Caballeros y porque todo el mundo tuviera un buen trato con él, lo mismo que, en su opinión, siempre siendo cercano a todos, que lo consideraban como un padre verdaderamente.
Todo esto sin embargo, Saga lo hacía para prepararse; él era un guerrero, un militar y el protector de Athena, pues seguía siendo caballero de Géminis, compartiendo el cargo con su hermano Kanon. Pero sobretodo, era un protector de la humanidad y sabía que ahora tenía la seguridad y la vida de mucha gente en sus manos, una gran responsabilidad. Pensaba enmendar todo lo que hizo antes en ese mismo cargo, y no permitiría que nadie más muriese inútilmente. Sabía que tarde o temprano alguien se alzaría contra Athena y los seres humanos, una vez más y que aquello que sintió Saori no era cualquier sentimiento de angustia.
Los caballeros aprendieron que, con el nuevo Saga, a pesar de las normas y el orden existente, ya no era lo mismo. Tanto “el nuevo Patriarca” como ellos tenían un trato cercano con el pueblo, con la gente, incluso se mezclaban entre ellos, como antaño, cuando, él aún no había sido controlado por su personalidad cruel y tiránica.

Por su parte, los demás caballeros dorados volvieron a proteger a Athena en sus respectivos cargos:
Mü, en el templo de Aries, seguía reparando armaduras con ayuda de Kiki y en compañía de su maestro, Shion, que ahora vivía allí con ellos.
Aldebaran seguía comprando cientos de cosas en el mercadillo de Atenas y acumulándolas en el templo de Tauro, mientras Death Mask limpiaba las paredes del de Cáncer, llenas de polvo tras su ausencia, hasta las caras que había en ellas tosían.
Kanon se encargaba de guardar el Templo de los Gemelos; su hermano permanecía en las estancias del Patriarca, cerca de Athena.
Aioria volvió al Templo de Leo y Shaka, al de Virgo, ya reconstruido, así como Dohko ocupó el de Libra, como antaño en la antigua guerra; Milo, el de Escorpio, Shura, el de Capricornio y Camus y Aphrodite, el de Acuario y Piscis, respectivamente.
Sin embargo, algo no había cambiado. El Templo del Centauro Arquero seguía vacío como lo había estado siempre desde la muerte de Aioros.
Todo era rutina, pero nadie bajaba la guardia debido a lo que Saori dijo: algo extraño que no es bueno, está en el aire.

Capitulo siguiente:

CAPITULO II: LOS CUATRO VIENTOS

Nicobulo
13-ago-2008, 00:36
Muy bueno la verdad!! Espero ver algo de accion en el segundo capitulo...Escribis bien! :P

koloc
14-ago-2008, 00:24
QUE BUENO QUE ESTA!!!
muy interesante
esperemos al segundo capitulo...