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View Full Version : [Narrativa] ESLABÓN Preludio (Cap. 05/???)


Nenec
23-feb-2006, 22:17
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Lo que leereis (si quereis) a continuación es una historia en la que llevo mucho tiempo trabajando. Es mi mejor história hasta la fecha. La historía ocupa tres volumenes, con lo que es una trilogía. No sé si la acabaré, pero estoy en ello. No es un fanfic propiamente dicho, así que, en el título del tema, he puesto narrativa. Y si no es un fanfic, ¿qué pinta aquí? Pues, simplemente, porque creo que mi imaginario tiene muchas influencias del manga y siempre he pensado que me guataría que, algún día, se hiciese un manga basado en una de mis historias ^^. Sin más preámbulos, aquí teneis la historia. Me encanta que dejeis comentarios, así que, ya sabeis... XD
Aviso: es muy larga...

INDICE

<a href="#Prólogo">Prólogo</a>
<a href="#1">1. Una vida normal. Amnesia</a>
<a href="#2">2. Punto Alfa. Los Ángeles Buscadores</a>
<a href="#3">3. Un nuevo universo. El Portal (1ª parte)</a>
Continua en la página 3 (http://www.elrincondelmanga.com/index.php?name=PNphpBB2&amp;file=viewtopic&amp;t=1518&amp;start=30) de este tema


ESLABÓN Vol 1 (Preludio)
Autor: Rubén Carrasco Picazo
Género: Fantástico

Prólogo <a name="Prólogo"></a>

Primero, oscuridad. Una oscuridad impenetrable que nadie conocía y nadie conocería nunca, porque en aquel lugar nada existía todavía. La No Existencia era un punto muerto en el plano temporal, donde el tiempo no transcurría y permanecía a la espera.

Cuando el tiempo se desestancó, un punto de luz creciente destruyó la oscuridad perpetua que reinaba en la No Existencia, dejando paso a un estallido que, en un segundo, liberó todos los colores que la imaginación puede alcanzar. Los colores se disolvieron y millones de puntos luminosos cubrieron todo. Eran parecidos a las estrellas, pero, a diferencia de éstas, se podían tocar porque estaban incrustados en una superficie plana: parecían pintados en una pared.

En el lugar de la superficie donde explotó la luz, había aparecido un ser, que observaba con curiosidad, a la tenue luz de los puntos luminosos, su cuerpo desnudo, semejante al cuerpo de lo que nosotros conocemos como “ser humano”. Permaneció así tiempo incalculable, hasta que descubrió algo que le sobresalía de la espalda: cuatro grandes alas de pluma, suaves y esponjosas, que podía gobernar a su antojo. Las alas estaban situadas en cuatro puntos de la espina dorsal: dos arriba y dos abajo, a la altura de los omoplatos. De color plateado, las argénteas alas emitían un brillo cegador, capaz de iluminar veinte metros a la redonda. Pronto descubrió que le permitían volar y comenzó a dar vueltas por aquella vasta superficie vacía.

De repente, se paró. Observó su entorno con minuciosidad y se percató de que aquel espacio parecía el interior de una esfera. Largo tiempo estuvo pensando en este hecho y, sin saber como o porque, adquirió todos los conocimientos pasados, presentes y futuros, todos los conocimientos sobre su ser, su causa y su motivo de existencia. Sabía que él era el Ángel Primigenio y que, en su interior, albergaba cuatro elementos: Fuego, Viento, Agua y Tierra; y que, con ellos, tenía que crear seres a su imagen y semejanza, seres casi inmortales, de porvenir incierto, pero destino marcado. Extrajo los elementos de su interior y los separó. Por cada uno, creó cuatro seres con alas, a los que bautizó como Ángeles. Como su creador, tenían aspecto de hombres altos y esbeltos, con alas carmesí unos, representantes del Fuego; los segundos, con alas violeta, representantes del Viento; los terceros con alas azules, representantes del Agua; y, por último, los representantes de la Tierra, con alas amarillentas. Eran seres racionales, pero aun no conocían sentimiento alguno. Su única función, por ahora, era seguir las órdenes del Ángel Primigenio para transformar aquel espacio vacío, llamado Esfera Inicial, en un lugar habitable.

En primer lugar, ordenó a los ángeles de Fuego que creasen la Luz Perpetua, que, dando vueltas por el interior de aquella esfera, iluminaría hasta el día de la destrucción de aquel mundo. Así lo hicieron y, al poco, los puntos de luz que habían gobernado hasta entonces los límites de aquel universo se vieron eclipsados por el resplandor de la Luz Perpetua y sólo podían verse cuando ésta, siguiendo su camino, se alejaba lo suficiente. Después, mandó a los ángeles de Tierra crear un bloque de dura roca que partiera por la mitad el interior de la Esfera Inicial. Una vez acabada la tarea, la parte que quedó bajo la capa de roca recibió el nombre de Semiesfera Oculta, ya que no volvería a ser vista por ojo alguno. Más tarde, los representantes del Agua regaron con su elemento la superficie de tierra y, por todas partes, creció la flora más bella nunca imaginada y se extendió el líquido elemento por grietas y valles hasta crear mares, ríos y fuentes de límpidas aguas. Por último, los ángeles de Viento originaron los fenómenos atmosféricos, cosa que permitió, junto con el agua, la aparición de organismos vivos evolucionados, una fauna diversa y magnífica. Así fue como los primeros habitantes de Ánguelos, o el Mundo Angelical, construyeron lo que se conoce como Cúpula Superior, semejante a nuestro cielo, y Llanura Inferior, donde los ángeles establecieron su residencia.

El Ángel Primigenio creó más individuos de cada elemento, tantos como la Llanura Inferior fuese capaz de abastecer, y los separó en cuatro comunidades. Cada comunidad controlaba una zona de la Llanura Inferior: los Lagos Profundos, que se decía que penetraban en la Semiesfera Oculta, fueron el dominio de los ángeles de Agua; a los ángeles de Fuego les correspondieron los Valles Volcánicos, que, constantemente, emanaban fuego por grandes cráteres; la Montaña Tempestad, en cuya cima se había instalado una tormenta perpetua, fue designada a los ángeles de Viento y los ángeles de Tierra habitaron en las Cavernas Eternas, que conectaban, a través de cuevas, todos los rincones de la Llanura Inferior. Estos lugares eran Puntos Sagrados, donde no podía entrar ningún ángel de otro elemento que no fuese el dominante, salvo con un permiso.

Era deseo del Ángel Primigenio crear un mundo de paz y cooperación, pero él, que todo lo conocía, sabía que su utopía estaba destinada a desembocar en el desmoronamiento de Ánguelos. Aún así, intentó hacerlo realidad, comenzando por conceder a los ángeles únicamente los dones y sentimientos buenos, guardando todos los males hasta el momento necesario. El Ángel Primigenio enseñó muchas cosas más a los ángeles e hizo mucho por ellos, pero sabía que se le acababa el tiempo y, por eso, empezó a escribir los conocimientos que deseaba transferirles en un libro.

Los ángeles habían sido divididos en cuatro clanes que tenían el deber de aprender a autogobernarse. Por aquel entonces los clanes compartían todo lo que tenían y no eran más que agricultores y ganaderos. El Ángel Primigenio hizo llamar a los cuatro ángeles más sabios de cada comunidad, los que había creado primero, y les nombró gobernadores de los suyos. Estableció que tres ángeles de cada consejo serían Ángeles Consejeros y el restante recibiría el cargo de Ángel Máximo y sería el presidente. Cada cien días los cuatro Ángeles Máximos se reunirían para tratar los temas comunes de todos los clanes en el Altar de los Sabios, un lugar donde los elementos no consiguieron llegar durante la creación de Ánguelos y que mantenía la pureza de la Esfera Inicial. Nadie, excepto estos ángeles y el Ángel Primigenio, conocía el emplazamiento de este lugar, pero se creía que estaba situado en el centro de la Semiesfera Oculta. Cómo llegar, nadie lo sabía. El resto de ángeles debían obedecer a sus respectivos Consejos.

Entonces llegó el Día de Salvación y Discordia. No se sabe cuánto tiempo había transcurrido desde la creación de Ánguelos, ya que, hasta aquel día, los ángeles no le daban importancia al tiempo. Pero ocurrió lo inevitable: la Luz Perpetua se detuvo en lo alto de la Cúpula Superior y la Llanura Inferior empezó a resquebrajarse. Las aguas empezaron a hervir bajo la constante exposición al calor del cuerpo incandescente, los Valles Volcánicos se derrumbaban por la presión de la lava que ascendía desde la Semiesfera Oculta, las riadas que descendían desde lo alto de la Montaña Tempestad eran incontenibles y ríos y mares se desbordaban mientras el fuerte viento arrasaba las costas en forma de tornados.

El Ángel Primigenio se lamentaba de lo ocurrido. Aunque sabía que el destino de aquel mundo no era perdurar, todavía no era el momento de su destrucción y tenía claro lo que debía hacer. Convocó a todos los ángeles para celebrar una reunión urgente en una verde y extensa explanada situada justo en el centro de la Llanura Inferior, por lo tanto, medianamente estable, sin temblores o tormentas. Para cuando quiso empezar la reunión, justo en el punto opuesto de la Cúpula Superior donde se hallaba suspendida la Luz Perpetua, había aparecido una mancha blanca que crecía a un ritmo preocupante engullendo todo a su paso. Si no encontraban una solución, pronto se tragaría todo. Los ángeles estaban perplejos, no sabían qué ocurría y no conocían el miedo.
-¡Por favor, un poco de atención!-gritó el Ángel Primigenio para asegurarse de que todos le escuchaban.
Los ángeles desviaron la mirada de la mancha blanca y se dirigieron al lugar donde se había situado su creador, formando un círculo a su alrededor.
-Como veis, Ánguelos se desmorona y, si no actúo, acabará destruido.
El silencio más absoluto reinaba en el lugar y un escalofrío recorrió a todos los presentes, por primera sintieron lo que era el terror. El Ángel Primigenio prosiguió:
-Salvar este mundo requiere sacrificios. Primero el mío...-los murmullos de los presentes le interrumpieron. Volvió a hacerse el silencio- ...y, pronto, el de muchos más.
Los murmullos volvieron a interrumpirle. Se adelantó el Ángel Máximo de Tierra y dijo:
-¿A qué se refiere Creador?
-Hay algo más que debéis saber y que, si deseáis sobrevivir, se convertirá, a partir de ahora, en vuestra ley principal. Este es el Gran Libro-con un gesto de su mano un enorme libro de tapas doradas apareció, flotando, delante suyo-. En él podréis encontrar todo lo que me gustaría que supieseis y que no os he explicado. El punto más importante es el Principio de Discordia, que rige nuestro mundo y sobre el cual se sustenta la existencia de Ánguelos.
Mientras hablaba, la mancha blanca seguía extendiéndose. Todos escuchaban con atención e interés.
-Cuatro elementos –continuó-, representados por cada uno de los clanes, forman el Mundo Angelical. Estos elementos se encuentran en una lucha constante y adquieren su energía de los seres vivos pertenecientes a su elemento, a la vez que la energía liberada en esta lucha sostiene Ánguelos. He pretendido crear una sociedad de paz y armonía, pero no lo he conseguido. Ahora, para evitar que este lugar sea destruido definitivamente, debéis llevar a cabo una guerra de clanes, de lo contrario, vuestra energía no llegará a los elementos y estos no podrán continuar su lucha, cosa que daría lugar a la caída de este mundo.
Los ángeles, alarmados, empezaron a gritar y a agitarse.
-¡Eso es imposible!-gritó el Ángel Máximo de Fuego, que se adentró en el círculo- ¡Nada nos enfrenta!
-¡Diría más!-dijo el Ángel Máximo de Viento- ¡Es mucho lo que recibimos los unos de los otros!
Los presentes aplaudieron esta última intervención.
-¡Está bien!¡Pero no hay otro remedio!-se impuso el Ángel Primigenio- Esta guerra os causará dolor, un término cruel que todavía os es desconocido, pero quiero que sepáis que un día regresaré y acabaré con vuestro sufrimiento. Traeré la Concordia.
-¿Cuándo será eso?-preguntó el Ángel Máximo de Agua.
-Todo está en el Gran Libro-fue la respuesta del Ángel Primigenio-. En cuanto me vaya deberéis decidir qué clan debe custodiarlo.
Seguidamente, y sin dar tiempo a más comentarios, voló veloz hacia la mancha de la Cúpula Superior, cuyas dimensiones eran ya más que considerables, a la par que liberaba sobre las cabezas de los ángeles los males que con tanto recelo había custodiado hasta la fecha.
-Con esto y la decisión de quién se queda el libro, se iniciará la guerra-se dijo el Ángel Primigenio-. Por favor, perdonadme.

Desde la explanada, los habitantes de Ánguelos observaban como su creador se acercaba rápidamente a la mancha blanca, mientras la Luz Perpetua se reflejaba en sus plateadas alas, y colisionaba con ella. Hubo una explosión y una luz cegadora cubrió hasta el último rincón del Mundo Angelical. Un grito se ahogó en la garganta de los atónitos espectadores. Cuando la luz se disipó, la Luz Perpetua continuó su camino a través de la Cúpula Superior y la Llanura Inferior recuperó su aspecto. Los ángeles miraron hacia el lugar donde había desaparecido el Ángel Primigenio. Sólo quedaba un pequeño y redondo cerco blanco en la Cúpula Superior, al que, al ver que no crecía, no dieron más importancia. Tenían cosas más importantes que hacer. Los males habían calado hondo en sus corazones.

-¡Nosotros, como creadores de la Luz Perpetua, somos los destinados a custodiar el Gran Libro!-sentenció el Ángel Máximo de Fuego mientras se acercaba al centro del círculo y extendía el brazo para alcanzar el Libro.
De pronto un carámbano de hielo salió disparado de entre la multitud y, golpeándole en la espalda, atravesó el pecho del Ángel Máximo de Fuego, que cayó muerto al lado del Gran Libro.
-¡Tendréis que ganaros ese privilegio!-dijo fríamente un ángel de Agua saliendo de entre la muchedumbre con el brazo derecho apuntando al lugar donde se hallaba el cadáver.
La Guerra Eterna había estallado.


1. Una vida normal. Amnesia <a name="1"></a>

El tenue resplandor del Sol matinal atravesaba las finas rendijas de la persiana bajada. La oscuridad envolvía todos los pliegues de una sabana que se agitaba sobre la cama en el centro de la habitación. El ruidoso aparato había empezado a sonar casi media hora antes de que una mano lo agarrase con fuerza justo antes de lanzarlo contra la pared que se extendía más allá del armario. Se abrió la puerta.
-¡Contigo no ganamos para despertadores!-gritó una mujer enfundada en una bata de estar por casa- ¡Levántate de una vez o llegarás tarde!
El joven de pelo alborotado se incorporó mientras oía pasos agitados alejarse por el pasillo. Acercó la mano a la mesilla con intención de mirar la hora en el despertador. Un resoplido escapó de su boca percatándose de lo que acababa de hacer. Se dirigió al baño. Se lavó la cara y, después de secarse, se quedó atontado observando su reflejo en el espejo. Odiaba esos pelos, hasta la fecha: indomables, así que ni siquiera intento peinarse. Se vistió y corrió a la cocina.
-Son menos diez-comentó su madre con tono indiferente.
-¿Qué?-exclamo el chico despertando de golpe mientras se apresuraba a buscar algo por toda la cocina.
-En la mesa del comedor-dijo la mujer sin inmutarse mientras echaba café en una taza.
Efectivamente, allí se encontraban sus llaves. Las metió en un bolsillo de su mochila.
-¡Adiós!-se despidió dando un portazo tras de sí.

-¡Uriel!-llamó una aguda voz a lo lejos.
Uriel se giró. Una chica corría hacia él, que se había parado al verla.
-Hola-dijo el chico cuando la tuvo al lado, empezando a caminar.
-Te tendrías que peinar-aconsejó la joven.
Silencio. No volvieron a comentar nada hasta que llegaron a la puerta del instituto.
-Uriel...-comenzó a hablar la chica morena de ojos oscuros en un tono casi imperceptible- Quería darte las gracias por...
-No importa-le corto el muchacho sin ni siquiera mirarla-, vamos a olvidar ese asunto, ¿de acuerdo?
Un joven elegante y atractivo, que observaba la escena desde lejos, se acercó.
-¡Buenos días!-canturreó intentando tranquilizar el ambiente.
-Hola-dijo fríamente la chica que entró al edificio de mal humor.
Los dos chicos se miraron un instante. Comenzaron a andar en dirección a la puerta.
-¿Todavía le dais vueltas al tema?-interrogó el muchacho elegante con cara de circunstancia.
-No lo se-fue la insegura contestación que dio Uriel.
-Pues ya es hora de que lo olvidéis, los dos-le exhortó el joven a su amigo-. Sé que...
-¡Tú no sabes nada, Dan!-le cortó nervioso Uriel mientras aceleraba el paso y le dejaba atrás.

Después de las soporíferas tres primeras horas de clase, Uriel abandonó el aula poniendo rumbo al patio del instituto, donde podría estirar un poco las piernas durante el recreo. Se sentó en uno de los numerosos bancos esparcidos por el amplío espacio. Tenía sueño, como siempre a esa hora. El Sol le daba en la cara, haciendo brillar su oscuro pelo, reflejándose en sus brillantes ojos. Intentó no sucumbir ante la persistencia de Morfeo. No lo logró.

Un enorme desierto de arena rojiza, gobernado por el extenso cielo crepuscular, permanecía en el más absoluto silencio. De pronto, las nubes comenzaron a cubrir con su oscuro manto toda la árida zona. Un destello. Una enorme columna de fuego descendía desde el cielo para posarse en el suelo a tiempo de...

-¡Uriel!
El joven se despertó exaltado, sudando.
-Siempre igual...-dijo la chica abatida- Estabas soñando...
-Lo sé-interrumpió Uriel-, pero no recuerdo el qué...
Se hizo un incomodo silencio entre los adolescentes.
-Tenemos que hablar-comentó Raquel como si fuese la respuesta a un “¿Qué quieres?”.
-Ahora no quiero hablar sobre lo que ocurrió-aclaró Uriel intentando dar el tema por zanjado.
-Pero yo necesito saber...-se puso nerviosa la joven que clavó su mirada llorosa en los verdes ojos de su compañero.
-Me asustaste...
-No puedo disculparme por eso, porque...-susurró la joven mientras dos finas lágrimas bañaban su rostro.
-Me asustaste mucho...-no pudo terminar la frase, ya que Raquel se levantó bruscamente y corrió hacia el edificio mientras se secaba la cara- Me preocupaste...-se dijo el chico mientras la veía alejarse.

Uriel no prestó mucha atención a las asignaturas que siguieron al recreo. Solo podía pensar en lo que había sucedido durante los últimos días.

***

Eran las cinco cuando llegó al parque en el que se encontraban siempre que quedaban. Para sorpresa del chico, Raquel, la siempre puntual Raquel, no se encontraba allí. Esperó. Cinco y diez de la tarde. Se empezaba a inquietar. Cinco y veinte minutos. Decidió echar mano de su teléfono móvil para conocer los motivos de la tan inesperada conducta de su amiga. Desde que la conocía, nueve años, aproximadamente, ella nunca había faltado a una cita, no por lo menos sin avisar con antelación. Un resoplido seguido de un profundo suspiro se escaparon de la boca de Uriel mientras cortaba la grabación que informaba de la indisponibilidad de un teléfono.
-¡¿Desconectado?!-dijo el joven entre la duda y el asombro.
Si algo conocía de Raquel, era que nunca, ni para dormir, desconectaba el móvil. Decidió esperar un poco más. Las seis. Uriel empezó a preocuparse. No podía esperar más. Tecleó en su teléfono el número de casa de Raquel. Esperó impaciente hasta el tercer tono...
-¿Sí?-contestó una voz de mujer al otro lado de la línea.
-¿Esta Raquel?-preguntó el chico.
-¡Uriel!¿La has visto?-gritó la señora con tono visiblemente alterado.
-No...-empezó a preocuparse Uriel- Había quedado con ella y... ¿ocurre algo?
-Sí...-contestó la mujer bajando cada vez más el tono- No sabemos nada de ella desde hace más de veinticuatro horas...-un gemido cortó el discurso.
-¿Qué?
En ese momento Uriel se quedó completamente paralizado. No sabía que decir, no sabía que debía hacer. Oía llorar a la madre de Raquel a través del teléfono y no era capaz de mover ni un solo músculo. Su mente se puso a trabajar de inmediato. Barajaba cientos de posibilidades mientras estaba allí parado. ¿Dónde estaría?¿Qué le podía haber pasado?
-No se preocupe-consoló a la madre de su amiga, aunque, realmente, sólo intentaba tranquilizarse a si mismo-. Mire, voy a mirar en todos los lugares donde solemos ir a ver si alguien sabe algo. Si aparece, haga el favor de llamarme.
Colgó justo después de oír un “vale, gracias”. Se empezaba a nublar y un aire frío comenzó a correr por las calles de la ciudad, silenciosa, en aquellos momentos. Uriel sabía que debía buscar, pero no tenía claro por dónde empezar.

Corrió durante toda la tarde. Fue a todos los lugares donde había estado alguna vez con Raquel. Por desgracia, no la encontró. Se había detenido a contemplar un edificio en construcción situado en primera línea de playa. No era completamente consciente de lo que estaba pasando. No entendía que había desencadenado esta situación. Necesitaba una respuesta. Sólo observaba, con la mirada perdida, el inmenso bloque de oficinas que, según el Ayuntamiento, reforzaría la economía de la zona. Nadie estaba completamente seguro de esta afirmación, pero, por ahora, daba trabajo a mucha gente en aquella ciudad. El mismo padre de Uriel trabajaba en la construcción del bloque que ya contaba con veintidós de las treinta y cinco plantas que tendría. Se encendieron las farolas. Una ráfaga de viento recorrió todas las plantas del esqueleto de hormigón armado y, al llegar al chico, le despertó de su ensimismamiento. Su teléfono sonaba. No sabía exactamente desde cuando. Vio el nombre de su amigo Dan en la pantalla. Descolgó.
-Dime.
-Uriel, Raquel ha aparecido, estoy en el Hospital.
-Voy-fue la única palabra que pudo articular en aquel momento, antes de colgar.
Era domingo, así que los autobuses pasaban, aproximadamente, cada hora y no podía permitirse pagar un taxi, por lo tanto comenzó a correr calle arriba.

Los relámpagos a sus espaldas, sobre el mar, ya le anunciaban que iba a mojarse cuando, después de un trueno, empezaron a caer goterones. Estaba a unos cien metros de la puerta de Urgencias. Lo único que se le ocurrió hacer fue acelerar con la finalidad de no acabar totalmente empapado. Al entrar por la puerta vio a su amigo sentado en una de las sillas de la Sala de Espera. A diferencia de Uriel, Dan parecía tranquilo. Siempre mantenía una curiosa actitud entre el interés y la total indiferencia. Quizá era este el motivo por el que se llevaba tan bien con Uriel, quien siempre destacaba por no ser capaz de controlar sus impulsos. Se complementaban a la perfección. El joven, alto, moreno y de ojos marrones, se levantó al percatarse de la presencia de Uriel y se acercó hasta donde estaba. Antes de que pudiese hablar, su amigo ya le estaba interrogando.
-Tranquilo-dijo elevando el tono para detener la avalancha de preguntas que le estaba cayendo encima.
-¿Dónde está?-ordenó, más que preguntó, Uriel.
-Ven, siéntate...-intentó tranquilizarle Dan- Está bien, pero no dejan pasar a verla, sólo han podido entrar sus padres.
-¿Qué le ha pasado?¿Dónde la han encontrado?-continuó el joven, más tranquilo.
-Al parecer llegó a su casa hace unas dos horas, estaba en estado de shock-contestó su amigo-. No recuerda absolutamente nada de lo que ha ocurrido desde ayer.
-¿Ayer?-se preguntó Uriel- ¿Sabes dónde iba?
-Ni idea.

Estuvieron allí sentados, en silencio, cerca de tres horas, hasta que, ante la imposibilidad de ver a su amiga, decidieron marcharse a su casa. Había parado de llover. Al día siguiente le dieron el alta a Raquel. Los médicos dijeron que estaba perfecta, como mínimo físicamente. La memoria, dijeron, quizá la recuperaría en dos días, en dos años o nunca, así que, probablemente, jamás se supiese que había estado haciendo.

***

Ya habían pasado casi dos semanas desde aquellos acontecimientos y, desde entonces, lo único que hacía Uriel era hacerse preguntas sobre el tema. Por las noches le costaba dormirse y cuando lo hacía no descansaba. Comía poco y mal. Y, aunque a Raquel se la veía estupendamente, él pensaba que ocultaba algo, que recordaba algo que no quería recordar. Por estos motivos Uriel mostraba una actitud tan tosca hacia su amiga. No quería hacer ni decir nada que la incomodase y eso, sin querer, lo traducía en un cierto rechazo y una cierta antipatía.

Dan tenía los mismos miedos e inquietudes que su compañero, pero como siempre no los mostraba. Lo único que él deseaba era que todo fuese de nuevo como dos semanas antes, cuando salían los tres a dar una vuelta intentando olvidar sus monótonas vidas que ahora se presentaban tan desordenadas.

Por su parte Raquel actuaba de forma normal con todos, como si nada hubiese pasado. Pero con sus amigos era diferente. Mientras el resto de personas sólo querían olvidar lo sucedido, Uriel y Dan no parecían darse por vencido y buscaban respuestas, unas respuestas que ella no podía proporcionarles. Ya nada era como antes en su relación con ellos. Se mostraban distantes, precavidos en exceso, y eso a ella le ponía de los nervios. Pretendían que todo fuese perfecto, pero a la vez intentaban descubrir algo de lo ocurrido aquellas veinticuatro horas. Además, Uriel se comportaba de un modo más extraño de lo normal. Ella sabía que era porque estaba preocupado, pero no entendía el motivo por el que no era capaz de decírselo. En las últimas semanas habían pasado muchas cosas que no lograba entender. Sin saber porque, de su mente, se había esfumado una parte de su vida. Algo que ella tenía la sensación de que era importante.

***

No eran ni las cinco de la tarde cuando su madre la vino a avisar de que tenía que ir a comprar algunas cosas al supermercado que había a unas cuantas manzanas de su casa. Ella estaba tumbada en la cama, escuchando música, relajada, no le apetecía pensar en nada, así que no le hizo mucha gracia, pero fue. Se vistió con pesadez y fue a peinarse. Al estar frente al espejo pensó que no le quedarían mal una mechas. Después de coger la lista y el dinero que su madre le había dejado sobre la mesa de la entrada, salió por la puerta y decidió bajar por las escaleras. Al salir a la calle se abrochó la chaqueta, empezaba a refrescar. Caminó durante, aproximadamente, cinco minutos. A partir de aquí sus recuerdos comenzaban a fallar. No sabía si había llegado al supermercado, si se había encontrado con alguien, nada.

Raquel caminaba dando tumbos por una acera vacía. No tenía claro porque, pero, aunque no recordaba el paisaje con nitidez, estaba convencida de que se dirigía a su casa. Sentía frío, estaba mojada. ¿Qué hacía allí?¿Qué la había pasado? No podía recordar nada. Se le nublaba la vista. Finalmente, se desplomó al llegar a la entrada de su bloque de pisos. Lo siguiente que recordaba fue su despertar en el Hospital y las innumerables preguntas que le habían hecho médicos, policías y familiares. Preguntas que aún le rondaban por la cabeza. Necesitaba saber que había hecho durante el tiempo que estuvo desaparecida. Tenía la certeza de que se le escapaba algo.

***

Al salir de clase, Uriel no vio a Raquel, al parecer le evitaba. Cuando Uriel le dijo a Dan lo que había ocurrido durante el recreo, este dejó escapar un profundo suspiro.
-Ya sé que no te gusta que me meta, pero ¿pensáis estar así mucho tiempo más?
-Espero que no-contestó el joven, cabizbajo-. Simplemente que en estos momentos no sé como actuar cuando estoy con ella- argumentó.
-Pues como antes de que todo esto pasase-aconsejó Dan con nostalgia.
-Si fuese tan fácil...
Siguieron caminando sin decir nada hasta casa de Dan, donde, en teoría, pasarían la tarde estudiando, aunque la tentación de ponerse a los mandos de la consola les acabaría venciendo.

Eran las nueve cuando Uriel se despidió de su amigo y puso rumbo a su casa que se encontraba a menos de un cuarto de hora de camino. En aquella época, las calles, a esa hora, estaban desiertas. La gente prefería estar en casa, donde, a base de estufas y calefacciones, se podían resguardar fácilmente del frío. El chico de pelo alborotado caminaba pensativo. Acababa de decidir que, al día siguiente, intentaría pedir perdón a Raquel y que intentaría comportarse como si nada hubiese pasado. Tan absorto estaba en estos pensamientos que no se percató de unos ojos que le acechaban des de las sombras de uno de los callejones perpendiculares a la calle por la que caminaba.

Aunque él no lo sabía hacía días que alguien le vigilaba. Quien fuese empezó a seguirle el día que estuvo en el Hospital, desde el momento que abandonó el edificio. Ahora se encontraba allí, escondido entre las sombras, a la espera de que su presa pasase por delante suyo para arrollarla. Pero algo inesperado hizo que su plan resultase fallido. No pudo reaccionar. Lo último que sintió fue como le ardía la nuca.

Uriel escuchó un ruido a sus espaldas. Se giró sobresaltado, pero no vio nada. El joven, que aún pensaba que iba a decirle a su amiga, no se fijo en unos pies que desaparecían por la esquina del oscuro callejón. Siguió andando. Al llegar a casa, se duchó, cenó y se acostó. Cayó rendido al instante.

Un enorme desierto de arena rojiza, gobernado por el extenso cielo crepuscular, permanecía en el más absoluto silencio. De pronto, las nubes comenzaron a cubrir con su oscuro manto toda la árida zona. Un destello. Una enorme columna de fuego descendía desde el cielo para posarse en el suelo a tiempo de esquivar una tromba de agua que pretendía caerle encima. Los dos torbellinos, uno de tonos rojizos, amarillos y anaranjados y otro con una mezcla entre azul y blanco, parecían estar entablando una batalla a muerte. El remolino de agua embestía una y otra vez a la columna de fuego que crepitaba ante la insistencia de su oponente. El viento mecía a los dos colosos mientras la arena del desierto comenzaba a elevarse hasta tapar completamente la visión de la lucha...

Uriel se despertó exaltado. Ahora lo recordaba. Ya había tenido ese sueño antes. ¿Por qué se le repetía?¿Significaría algo? Se dio la vuelta y se durmió de nuevo. A la mañana siguiente ya había olvidado el tema.


2. Punto Alfa. Los Ángeles Buscadores <a name="2"></a>

Parecía que todo había vuelto a la normalidad. Uriel intentaba olvidar la misteriosa desaparición de Raquel o, como mínimo, no demostraba que aún le rondaba por la cabeza. Raquel empezó a creer que realmente Uriel y Dan volvían a ser los de siempre, por lo que comenzó a comportarse con naturalidad delante de ellos. Dan, por su parte, estaba satisfecho con el cambio de actitud de sus amigos y estaba feliz de que todo hubiese vuelto a la normalidad. Por desgracia para ellos la normalidad que tanto habían ansiado no les duraría demasiado, ya que, fuerzas superiores a ellos, ya habían hecho planes para uno de los componentes del trío.

Una semana después de la última discusión entre Raquel y Uriel, los tres pasaron la tarde dando una vuelta por el centro de la ciudad. Fueron a tomar algo y, cuando empezó a anochecer, decidieron regresar a sus casas. Dan se separó de sus amigos al llegar a un cruce, porque iba a visitar a su abuela que vivía cerca. Uriel y Raquel siguieron solos. Durante el resto de camino mantuvieron una animada charla sobre todo tipo de cosas: los estudios, cine, música,... realmente tenían muchas cosas en común. Se conocieron en tercero de primaria, cuando Raquel llegó a la ciudad por cuestiones de trabajo de sus padres. Por aquella época, la chica era tímida e introvertida, pero pronto conoció a Uriel, un chico despierto, alegre y divertido. Durante esos años estuvieron muy unidos y, al llegar a secundaria, decidieron estudiar en el mismo centro. Fue allí donde conocieron a Dan. Se puede decir que él no había cambiado casi nada des de entonces, siempre había sido reservado y prudente. Aún así había sido este joven quien les había abierto las puertas del mundo. Era inteligente, simpático y realista, era la pieza que le faltaba al grupo. A partir de entonces siempre había actuado de mediador en las frecuentes discusiones que mantenían sus dos amigos.

Al llegar al portal de Raquel, Uriel se despidió de ella como siempre, con un beso. Des de que entraron en esa época llamada adolescencia, muchos habían querido ver algo más allá de la amistad que sentían el uno por el otro. Ellos no lo habían negado, pero, realmente nunca habían atravesado el umbral de la amistad. Los dos sabían que entre ellos había algo más que una simple amistad, pero ese sentimiento no era amor, se acercaba más a la fraternidad, aunque, en cualquier momento, podían pasar de uno a otro sin ni siquiera percatarse. Este tema no les preocupaba a ninguno de los dos. Si algún día pasase algo, pasaría lo que tuviese que pasar.

Uriel reanudó su camino. La luz de las farolas le iluminaba mientras pensaba en lo bien que volvían a estar las cosas entre él y Raquel y se sentía ridículo por la actitud que había tenido con ella semanas atrás. Lo importante era que ella estaba bien, lo que le hubiese pasado durante aquellas horas era secundario. De pronto, a Uriel le pareció escuchar un ruido a sus espaldas. Se giró. La calle estaba desierta. A aquellas horas no se podía ver ni un alma, ni siquiera un coche, nada. Siguió caminando, pero no había dado el tercer paso cuando se fue la luz y la calle quedó a oscuras.
-Estupendo-resopló el joven.
Siguió andando. Otro ruido. Frenó en seco. Uriel nunca había sido una persona miedosa, pero en aquel momento se puso nervioso. Dio un paso, otro y se quedó paralizado ante lo que tenía delante. Una farola se encendió de pronto y su chorro de luz iluminó una figura que permanecía apoyada en el palo de la misma con los brazos cruzados. El resto de la calle permanecía en las tinieblas. Uriel no prestó más atención a este individuo. Pero al pasar frente a él...
-Buenas noches Uriel-dijo aquel hombre con una voz clara y musical, que, si bien no llegaba a ser como la de una mujer, era realmente bella.
Uriel sintió como un escalofrío le recorría la espalda. Se giró para ver el rostro a aquel extraño personaje y quedó hipnotizado por sus bellos rasgos. Tenía el pelo largo, oscuro, sus ojos eran de un azul tan brillante que impactaba, era alto, delgado y vestía un traje azul marino con una camisa a juego en un tono más claro. No debía tener más de treinta años. Cuando Uriel reaccionó preguntó:
-¿Le conozco?
-No, pero yo a ti sí-dijo el hombre mientras se apartaba un mechón de pelo que le tapaba la cara-. Sé cosas de ti que ni tú sabes.
Uriel no podía dejar de estar sorprendido, aquel hombre sabía su nombre, pero empezaba a pensar que estaba loco.
-Me parece bien, pero debo irme, encantado de conocerle-intentó seguir.
-Espera-le detuvo el extraño-. No me creo que no quieras saber lo que he venido a decirte.
En ese momento el misterioso individuo abandonó su lugar bajo la farola y dio unos pasos al frente, dejando, en ese mismo instante, a Uriel completamente paralizado. De las sombras, justo detrás del hombre, aparecieron cuatro enormes masas de plumas azules. Uriel dio un paso atrás.
-¿Qué... qué eres?-logró articular.
- Lo mismo que tú-contestó el ser con total tranquilidad-. Un Ángel.
En aquel instante Uriel no sabía si correr, gritar o ponerse a reír.
-¿Un Ángel?¿Me estás tomando el pelo?
-Típico de los humanos-le reprochó el Ángel-. Como siempre, no sois capaces de ver más allá de vuestras narices.
Uriel cada vez estaba más desconcertado.
-Sabes que lo que digo es verdad-continuó el ser alado-, sino, ya te estarías riendo. Toma.
El Ángel le tendió a Uriel una tarjeta. El chico, que no sabía como reaccionar, bajó la mirada para ver que ponía en el pedazo de papel.
-¿Qué es esto?-alzó la vista, pero aquel individuo había desaparecido.
Miró a lado y lado de la calle. No había nadie. Las luces se encendieron de nuevo. Por el contrario, la luz que iluminaba a aquel hombre se había apagado. Uriel se acercó a inspeccionar la farola. Un gesto de asombro, duda y miedo atravesó su rostro. ¡Aquella farola no tenía bombilla! El joven empezaba a encontrarse mal, se sentía desorientado. Miró la tarjeta que aún tenía en la mano y vio que en ella sólo constaba un símbolo, una dirección y un nombre impreso con tinta azul brillante: a. Calle Aledaños, nave 13. Jehudiel. Se puso a correr hacia su casa.

Aquella noche no cenó. Al llegar a casa se metió en la cama, aunque no consiguió conciliar el sueño. ¿Era real?¿Se lo había imaginado? No, no podía ser producto de su imaginación, tenía una prueba física de que aquello había sido real, la tarjeta. ¿Un Ángel?¿Existían? Uriel nunca había creído en esas cosas. Ángeles, elfos, duendes,... ya no sabía que creer. Por cierto, ¿qué le había dicho aquel hombre? “Lo mismo que tú”. ¿Él?¿Un Ángel?¿Qué estaba pasando?¿Se había vuelto loco el mundo y no se había dado cuenta? Uriel no dejaba de dar vueltas en su cama, así como lo hacían las ideas en su cabeza. Finalmente, después de horas y horas de discusión consigo mismo, decidió que, al día siguiente, sábado, nada más levantarse, iría a la dirección que figuraba en la tarjeta. Intentó dormir, pero sólo se le repetía una frase en la cabeza: “No me creo que no quieras saber lo que he venido a decirte”. Miró el despertador que acababa de comprar. Las seis.

“Me voy a hacer unas cosas. Ya volveré. Uriel”. Así rezaba el trozo de papel que Uriel había dejado en la mesa de la cocina antes de salir de casa cuando aún no eran las seis y diez minutos de la mañana. Aún era de noche. Hacía frío. Aquel estaba siendo uno de los inviernos más fríos que Uriel recordaba. Se abrigó bien antes de emprender su viaje a lo desconocido. No podía negar que estaba realmente asustado. ¿Se podía saber que hacía él en la calle a esas horas de la mañana?¿Por qué se dirigía a un lugar desconocido para hablar con alguien que ni siquiera sabía si era real? El porque lo conocía perfectamente: necesitaba respuestas.

Después de casi tres cuartos de hora andando llegó al polígono industrial que se situaba en el extremo sur de la ciudad. Muchas fábricas ya estaban abiertas y los camiones cargados, a punto de salir. Recorrió las anchas calles del complejo hasta llegar a una de las más apartadas. Un pequeño cartel en una de las esquinas anunciaba: Calle Aledaños. Empezaba a amanecer. A medida que avanzaba por la calle iba contando, una a una, todas las naves. Llegó a la número trece. En ese mismo instante, Uriel estuvo a punto de dar media vuelta, regresar a casa e intentar olvidar rápidamente aquello que parecía una broma de mal gusto. La nave número trece era un montón de ladrillos puestos unos encima de otros, o esa era la impresión que le dio a Uriel. Algunos de los muros estaban medio caídos, en las pocas ventanas de la construcción no quedaba ni un solo cristal entero y la enorme puerta de la entrada estaba oxidada, descolgada y cerrada con una pesada cadena y un candado, seguramente para que nadie entrase por el peligro de derrumbe. El edificio estaba rodeado de un amplio patio que en otro tiempo se habría utilizado como aparcamiento para los camiones de carga, pero ahora estaba lleno de polvo y hojas. Uriel estaba a punto de emprender el camino de regreso cuando se levantó un fuerte vendaval y la arena del suelo alzó el vuelo, obligando a Uriel a taparse la cara. Cuando se hubo calmado el viento, Uriel abrió los ojos y fue entonces cuando vio, encima de la puerta, que aún chirriaba por el ataque al que le habían sometido las fuerzas de la naturaleza, un símbolo de color azul que, a diferencia del resto de la nave, parecía recién colocado allí arriba.
-¿Eso estaba ahí antes?-pensó Uriel en voz alta.
Las ganas de volver a su casa se habían esfumado y ahora la curiosidad le corroía por dentro, así que decidió entrar en el edificio. Tal había sido el efecto que le había producido la visión de la enorme alfa azul. Al llegar a la puerta, acercó la mano a la cadena, pero, antes de llegar a tocarla, el candado se desprendió y la masa metálica cayó al suelo produciendo un golpe seco. A Uriel le temblaba todo el cuerpo. Posó su mano derecha sobre la corroída superficie de la puerta. Empujó.

La expresión de estupefacción que había adquirido Uriel aún permanecía en su rostro cuando oyó, a sus espaldas, como se cerraba la enorme puerta metálica. Se volvió rápidamente. La puerta era blanca y lisa, no había ni rastro de oxido. Lo mismo ocurría con el resto de la enorme sala que se extendía ante los ojos del joven que todavía mantenía la boca abierta. Las paredes, el suelo y el techo eran de color blanco inmaculado. La habitación era muy luminosa, pero no había un sólo foco, la luz blanquecina que iluminaba todo parecía surgir de la nada. Aún así, lo que más impresionó a Uriel fueron las innumerables ventanas que se repartían por los muros. Sin saber muy bien por qué se acercó a una de ellas. Lo que veía a través del cristal no era la calle que había delante de la ruinosa nave industrial. El Sol le cegaba y lo que podía distinguir eran animales salvajes, animales que sólo había visto en el zoo, en fotografías o en un documental. Ante él se paseaban leones, cebras, jirafas,... Antes de que pudiese reaccionar la imagen había cambiado y lo que le mostró la ventana fue una enorme extensión de agua. A lo lejos, en el horizonte, veía lo que parecía un trecho de tierra, en su opinión, una isla. El paisaje dentro de aquella estructura poligonal cambió y le mostró el interior de una casa, para ser exactos el salón. La habitación estaba desierta, pero la televisión permanecía encendida.
-¿La BBC?
-Sí, la BBC, la CNN, TVTokyo, MTV y todas las que tú quieras si tienes la suerte de ver reflejada una imagen de este tipo-el Ángel que se le había aparecido la noche anterior permanecía a su lado mirando fijamente lo que mostraba la ventana.
Uriel estaba tranquilo, no le había alterado la repentina aparición del ser. Lo único que le sorprendió fue que la cabellera de aquel ser no era sólo oscura, como creyó ver la noche anterior, sino que era de color azul marino.
-Sabía que vendrías-dijo el Ángel sin mirarle-. Sígueme.
-Espera-pidió Uriel- ¿Estamos dentro de la nave trece?¿Se puede saber qué son estas ventanas?¿Me puedes decir quién eres y qué hago aquí?
Una sonrisa se dibujó en los labios de aquel ser que ya avanzaba con paso firme adentrándose en la nave.
-No seas impaciente-dijo el Ángel-. Por ahora te diré que, como pone en la tarjeta que te di, me llamo Jehudiel. Y ahora, sígueme, por favor.

La selva, Nueva York, el interior de una pelota, la aurora boreal, un parque de atracciones, el campo, un volcán, una azotea en lo alto de un alto edificio, una autopista, una casa en llamas, un cajón, un cometa, los espacios en blanco de un libro,... Las imágenes se sucedían a una velocidad de vértigo en los centenares de ventanas que iban del suelo al techo y Uriel ya no sabía donde posar la mirada. Llevaban casi diez minutos andando, en silencio, pero Uriel no se atrevía a decir nada, se limitaba a seguir en silencio a su guía, cuyas alas se mecían a cada paso que daba. Un cable telefónico, la guerra, un dibujo animado, el interior de una célula, una enorme sala llena de estatuas, un agujero negro, la cara de una persona que parecía leer algo interesante, dos personas haciendo el amor... Llegaron al final de la nave. Uriel miró atrás. No se veía la entrada. El joven prefirió no preguntar. Jehudiel abrió una puerta.
-Pasa por aquí.
La puerta se cerró detrás del chico y el Ángel. El Sol, una mariposa, alguien temblando en un rincón de una habitación a oscuras, un muerto, la cima de una montaña nevada, una enfermedad, su remedio, un martín pescador, una rosa, una espada, un sala de reuniones con cuatro tronos, un niño hambriento, otro naciendo, un enorme libro dorado...

-Siéntate-dijo Jehudiel señalando la mesa y las dos sillas que presidían la estancia.
Jehudiel parecía simpático y afable. En todo momento mantenía una sonrisa en los labios y hablaba con un tono pausado y tranquilo, ni muy alto ni muy bajo. A diferencia del resto de la nave industrial, aquella sala parecía el salón de un apartamento. En la pared opuesta a la puerta por donde había entrado, Uriel observó otra ventana cambiante, pero esta vez era considerablemente más grande. El adolescente, al que empezaba a bailarle la cabeza, se sentó sin dejar de mirar la ventana. Jehudiel corrió una cortina que tapó la vista de un arrozal chino.
-¿Quieres tomar algo?-dijo abriendo una pequeña nevera.
-No. Quiero respuestas-fue la brusca respuesta que obtuvo de Uriel.
-Y las tendrás. Toma-Jehudiel le acercó lo que parecía un refresco con gas mientras se sentaba en la silla libre-. Primero te diré dónde estamos. Este lugar es conocido como el Punto Alfa.
-¿Cómo?-preguntó Uriel mientras abría la lata de refresco- Parece el nombre de una discoteca.
Jehudiel dejó escapar una carcajada.
-Aprecio tu sentido del humor, pero no te acercas en nada a lo que este lugar es realmente.
Uriel le dio un trago al refresco. Miró la boquilla de la lata. El refresco era de un extraño color azul, pero tenía buen sabor.
-¿Has visto las ventanas de ahí afuera?-preguntó el Ángel sin esperar respuesta- Pues sirven para ver todos los rincones del Universo.
-Eso es imposible-sentenció Uriel.
-Difícil, pero no imposible-dijo Jehudiel-. En todo el mundo hay cuatro puntos como este. Son naturales. Nadie sabe como surgieron. Antiguamente, las imágenes aparecían mezcladas en un solo punto. Con el tiempo, gracias a los avances tecnológicos, hemos conseguido separar las imágenes y hacer que aparezcan en visores diferentes. Los visores son esas ventanas.
Unos instantes de silencio siguieron a la explicación.
-No acabo de entenderlo, pero no importa-Uriel decidió dejar el tema así-. Pero, ¿has dicho que hay cuatro Puntos Alfa?
-Sí, hay un Punto Alfa por cada Ángel Buscador, que es lo que soy yo.
-¿Un Ángel que?-el adolescente empezaba a creer que había perdido el juicio.
-Un Ángel Buscador-contestó Jehudiel-. Y tú eres lo que andaba buscando.

Uriel se estaba inquietando. Dio un trago a la bebida. Su cerebro no acababa de procesar toda la información que estaba recibiendo. Tanto él como Jehudiel estaban callados. El Ángel Buscador esperaba alguna reacción por parte de su presa. Uriel no podía ni pestañear. ¿Qué le había estado buscando?¿Ángeles?¿Lugares misteriosos?¿Qué pintaba él en esta historia?¿Estaría soñando? Permanecía allí sentado con la cabeza gacha mirando la lata de refresco azul.
-Un Ángel Buscador...-susurró- ¿Qué es eso?
-Los Ángeles Buscadores somos los encargados de encontrar a los Ángeles Restauradores-dijo Jehudiel.
-¿Y eso son?-preguntó Uriel que empezaba a impacientarse.
-Deberías saberlo, eres uno de ellos.
La estupefacción se reflejaba en el rostro del muchacho.
-Por eso dices que me buscabas?
-Sí, eres un humano privilegiado que posee casi las mismas capacidades que los Ángeles y que está destinado a renovar la raza de los Ángeles Herederos.
Uriel dio otro trago. Era un Ángel Restaurador con poderes que tenía que renovar una extraña raza. Creyó enloquecer. Jehudiel esperaba otra pregunta del chico, pero no la obtuvo.
-Los Ángeles Herederos-siguió- son una raza formada hace eones por la unión de Ángeles con humanos. Tienen la capacidad de controlar los elementos, como los Ángeles, pero su vida es corta, como la de los humanos.
Uriel, ante la sorpresa de Jehudiel, empezó a reírse.
-¿Se puede saber de que te ríes?
-¿Me estás tomando el pelo, no?-dijo Uriel mientras se reía- ¿Dónde está la cámara oculta?
-Lo que te estoy explicando es muy serio.
-¿Pero cómo pretendes que me crea todo eso?-le reprochó el joven- ¿Humanos que se unieron con Ángeles y que tienen poderes?¿Qué controlan los elementos? Mira, me parece muy bueno para una película, pero yo tengo cosas más importantes que hacer.
Jehudiel no dijo nada. Uriel se levantó de la silla y comenzó a andar. En el instante en que se disponía a tocar el pomo de la puerta, algo que le hizo sentir un bajón de la temperatura a su alrededor le pasó a toda velocidad rozándole la mejilla. El chico se quedó paralizado al instante. A duras penas logró mover el cuello para descubrir el proyectil clavado en la madera. Una estaca de hielo permanecía inerte ante sus ojos. El corazón le iba a toda velocidad. Aquello había estado a punto de matarle. Uriel se giró. Jehudiel estaba de pie al lado de su silla con la mirada fija en el adolescente y el brazo derecho apuntando hacia él. La palma de su mano, abierta, dirigida al frente, brillaba con una luz azulada que la envolvía por completo. La expresión de su rostro había cambiado. Jehudiel se mostraba serio e imponente.
-Siéntate-le ordenó el Ángel con una voz grave y potente.
Uriel no le hizo esperar y se sentó mientras creía que el corazón se le iba a salir del pecho.
-En ningún momento he pretendido darte, no me has dejado otra opción-se excusó Jehudiel-. Después de esta demostración, espero un poco de interés por tu parte.
Uriel asintió.
-Como veo que estás un poco perdido, comenzaré por el principio-continuó el Ángel Buscador recuperando un tono suave y tranquilo-, pero no quiero ni una sola pregunta hasta que yo te lo diga.
El chico asintió de nuevo.
-Espero que no tengas prisa porque es una historia muy larga-dijo-. Al principio la oscuridad lo cubría todo en la llamada No Existencia. La No Existencia era un punto muerto en el plano temporal, donde el tiempo no transcurría y permanecía a la espera. Cuando el tiempo se desestancó, un punto de luz creciente destruyó la oscuridad que reinaba en la No Existencia, dejando paso a un estallido que liberó todos los colores que la imaginación puede alcanzar. Los colores se disolvieron...


3. Un nuevo universo. El Portal (1ª parte) <a name="3"></a>

-...y este suceso desencadenó la Guerra Eterna.
Jehudiel calló. A Uriel le parecía que estaba acudiendo a una clase de Historia donde no entendía nada y no le dejaban preguntar. El Ángel Buscador llevaba cerca de una hora explicando el origen de un mundo llamado Ánguelos y Uriel tenía que creer todo lo que le había contado hasta ahora aunque le pareciese un relato fantástico.
-Bien-dijo Jehudiel-, ahora puedes preguntar.
En esos momentos, tantas preguntas rondaban por la cabeza del joven que no sabía por dónde empezar.
-Por lo que has explicado, según el color de tus alas, debes de ser un Ángel de Agua, ¿no?-empezó.
-Sí.
Uriel se acabó el refresco azul de un trago. Aquel ser que tenía delante podía controlar a su antojo el agua. Ahora entendía de donde había salido aquel carámbano de hielo.
-A ver-continuó-, ¿dónde está Ánguelos?
-Bueno...-dudó el Ángel por unos instantes-, se podría decir que es un mundo paralelo al que tu conoces, como una dimensión superpuesta. La verdad es que nadie sabe exactamente como están situados los dos mundos en el espacio, pero más tarde te explicaré que dice el Gran Libro sobre el tema.
-Y es de ese lugar de donde provienen los Ángeles, ¿no?
-Sí-contestó Jehudiel.
-¿Y cómo llegasteis a este mundo?-preguntó Uriel que, sin saber porque, empezaba a encontrar el tema muy interesante.
-Eso te lo explicaré más tarde.
Jehudiel acercó su silla a la Uriel y le miró fijamente a los ojos.
-Primero tengo que asegurarme de que has entendido lo que te he contado hasta ahora-dijo el Ángel Buscador muy serio.
Uriel asintió. No le acababa de quedar claro que pintaba él en toda esa historia, pero la mirada de Jehudiel le transmitió que, fuese lo que fuese, debía ser importante.
-Lo que te he explicado es la creación de mi mundo según está escrito en el Gran Libro-Jehudiel continuó con la explicación-. Como ya he dicho, el punto más importante de este libro es el Principio de Discordia. Uriel, ¿conoces los cuatro elementos que veneraban los antiguos habitantes de este planeta?
Uriel asintió y dijo:
-Fuego, Viento, Tierra y Agua.
-Estos cuatro elementos-explicó el Ángel- lo componen todo en Ánguelos y, según el Principio de Discordia, mantienen una lucha perpetua para mantener el orden de nuestro mundo. Pero, para que se produzca esta batalla, los seres pertenecientes a cada elemento deben enfrentarse entre ellos para transmitirles energía.
-Comprendo-interrumpió Uriel-. Pero, ¿quién querría vivir en un mundo en constante guerra?
Jehudiel parecía extrañado ante aquella pregunta.
-Vosotros, los humanos-contestó-. Vosotros vivís en un mundo lleno de guerras, como nosotros. Pero a diferencia de vosotros, nosotros lo hacemos por la supervivencia de nuestro universo, no por poder.
Uriel no pudo revocar esta afirmación. Simplemente bajó la cabeza y permaneció en silencio. Sabía perfectamente que Jehudiel tenía razón. Sólo tenía que ver las noticias un día cualquiera.
-Bueno-continuó el Ángel Buscador notando la tensión que se había creado-. ¿Entiendes el Principio de Discordia y por qué los clanes de Ángeles estamos en constante lucha?
-Sí-afirmó Uriel-. Lucháis para transmitir energía a los elementos que sostienen Ánguelos. El Gran Libro sólo fue el detonante que utilizó el Ángel Primigenio para dar inicio a la Guerra Eterna.
Jehudiel se quedó paralizado. Nunca había visto el hecho que desencadenó la guerra de aquella forma. En cambio, aquel humano lo había deducido al instante. Realmente, ahora que lo pensaba, Uriel tenía razón. Todo en su mundo parecía ser voluntad del Ángel Primigenio, incluso la guerra. Aquel humano no era como los anteriores, se convertiría en un buen Ángel Restaurador.
-Bueno-dijo sin acabar de salir de su asombro-, veo que lo has entendido. Me alegro, ya que es vital para que entiendas lo que te voy a contar a continuación.

***

La guerra se extendió por todos los rincones de Ánguelos. Los Puntos Sagrados se habían convertido en fortalezas. Los clanes no sólo luchaban entre si, sino que, incluso dentro de una misma tribu, las luchas de poder eran constantes y los Ángeles Máximos se sucedían uno tras otro a un ritmo trepidante. Las reuniones en el Altar de los Sabios se habían suspendido y el caos y el desacuerdo reinaban entre los Ángeles. En esos momentos el Gran Libro estaba en manos de los Ángeles de Fuego. Tan solo habían pasado setecientos Círculos (vueltas de la Luz Perpetua a través de la Cúpula Superior) desde el Día de Salvación y Discordia, pero el Libro había estado pasando de unas manos a otras a causa de los constantes ataques de unos clanes a otros. En el Gran Libro, el Ángel Primigenio había escrito todos los conocimientos que debían tener los Ángeles, así que, durante los cortos periodos en que el Libro permanecía en posesión de un clan, los sabios elegidos por el Consejo de cada elemento se dedicaban a estudiarlo y a copiar pasajes que creían importantes. Pero el tiempo que tenían para profundizar en estos conocimientos era escaso, por lo tanto, ninguno de los clanes llegó a dominar sus secretos. Entonces, el Libro desapareció.

Los Ángeles de Fuego habían tenido más de veinte Círculos el Gran Libro bajo su poder. Los otros clanes atacaban constantemente sus fronteras con la finalidad de llegar a los Valles Volcánicos y apoderarse de él. Pero el Consejo de Fuego no estaba dispuesto a perder ni el Libro ni territorio, por lo tanto inició conversaciones con el clan de los Ángeles de Viento llegando a un acuerdo según el cual una tropa de Ángeles de Fuego llevaría el Gran Libro a la Montaña Tempestad, donde los sabios de cada clan estudiarían unidos los conocimientos contenidos en el volumen. Así, los Ángeles de Agua se aseguraban los conocimientos del Libro y se ahorraban ataques a sus tierras. El traslado de la preciada fuente de conocimiento se mantuvo en alto secreto. Sólo los Consejos de Fuego y de Viento, los sabios de estos dos clanes y algunos Ángeles Soldado conocían la fecha y la ruta que seguiría la tropa encargada de custodiar el Gran Libro. Pero los Ángeles de Viento son ambiciosos y actúan únicamente por su propio beneficio, carecen de honor o palabra, y los Ángeles de Fuego comprendieron demasiado tarde que no se debe confiar en ellos. Una vez el plan de traslado quedó pactado, los Ángeles de Viento no dudaron un instante en hacer una oferta a los mayores enemigos de los Ángeles de Fuego, los Ángeles de Agua. Desde el Día de Salvación y Discordia, cuando un Ángel de Agua asesinó al Ángel Máximo de Fuego, estos dos clanes se profesaban un odio mutuo que les llevaba a luchar allí donde se encontrasen, aunque ninguna de las dos tribus hubiese actuado contra la otra. Los Ángeles de Viento aprovecharon esta situación y consiguieron que los Ángeles de Agua les prometiesen el dominio de los Valles Volcánicos a cambio del Gran Libro. Así, el día del traslado, una vez la tropa de Ángeles de Fuego que llevaba el Gran Libro se encontraba en los dominios del clan de Viento, los Ángeles de Agua, que habían recibido la ruta de manos de los Ángeles de Viento, atacaron. La Batalla de la Pérdida fue larga y cruenta. El Consejo de Fuego había encargado la escolta del Gran Libro a los mejores Ángeles Soldado que tenían, pero el numero de Ángeles de Agua era considerablemente mayor y cayeron derrotados pese a su férrea defensa.

A pesar de la victoria, los Ángeles de Agua no lograron su objetivo. Registraron una y otra vez todo el campo de batalla pero el Gran Libro había desaparecido. Al parecer, alguno de los Ángeles Soldado de Fuego había logrado huir con él. Pero el Consejo de Agua sabía que la fuerza militar del clan de Fuego había menguado y también conocía el valor que los Valles Volcánicos tenían para el enemigo, así que les envió un ultimátum: o les hacían entrega del Gran Libro o invadirían sus tierras hasta arrasar los Valles Volcánicos. El Consejo de Fuego envió un mensajero tras otro diciendo que no tenían el Libro. Como única respuesta obtenían las alas del enviado. Finalmente, un numeroso ejercito formado por los mejores Ángeles Soldado de los clanes de Agua y Viento iniciaron una ofensiva que hizo retroceder, poco a poco, al ejercito de Fuego. Los Valles Volcánicos fueron ocupados y sus habitantes y los Ángeles Soldado supervivientes se refugiaron en la fuente de un río que se encontraba no muy lejos de allí, el Río Caído, que recibía su nombre de la enorme cascada que se formaba en su nacimiento. Los Valles Volcánicos era una zona árida, formada de material volcánico con el que los Ángeles de Fuego habían construido sus altos y majestuosos edificios negros. Tenían las ventanas muy pequeñas y la Luz Perpetua cegaba al reflejarse en sus muros. El Río Caído era la única fuente de vida de la zona y sus márgenes estaban repletos de cultivos. En la ladera del Volcán Pireo se alzaba la fortaleza donde habitaban el Consejo de Fuego y los Ángeles de categoría superior. Esta fortaleza fue registrada repetidas veces por los invasores, sin resultado. Al fin y al cabo, el clan de Fuego había dicho la verdad y no tenía el Gran Libro. Al poco, los Ángeles de Fuego refugiados en el nacimiento del Río Caído lanzaron un ataque desesperado por recuperar sus dominios. Milagrosamente, vencieron a los Ángeles de Agua y de Viento que quedaban en la región y consiguieron una progresiva restauración de la normalidad. El Gran Libro se había dado, definitivamente, por perdido.

La Guerra Eterna continuó. El resentimiento de los Ángeles de Fuego por los de Agua había aumentado a causa de la invasión que habían sufrido. Por su parte los Ángeles de Agua, aliados con el clan de Viento, no acababan de creerse que el Consejo de Fuego no tuviese el Libro y decidieron que, para tender una amplia red de espionaje, invadirían las Cuevas Eternas pertenecientes a los Ángeles de Tierra. Así, el clan de Fuego defendía como podía sus fronteras de los ataques de la coalición formada por los Consejos de Viento y Agua, mientras estos últimos presionaban a los Ángeles de Tierra. Pero de nuevo salió a relucir la personalidad interesada propia de los Ángeles de Viento. Ahora que ya no podían poseer los Valles Volcánicos, su alianza con el clan de Fuego se resquebrajaba por momentos, hasta que, finalmente, se produjo la traición. El Consejo de Viento entabló negociaciones con los Ángeles de Tierra para hacerles entrega de información sobre los planes de ocupación del clan de Agua a cambio de minerales preciosos procedentes de las Cavernas Eternas. Los Ángeles de Agua se caracterizaban por su política expansionista y violenta, pero no por ello menos elegante y eficaz. Su orden social era estricto y, gracias a él, habían logrado un momento de esplendor económico, político y cultural. Por otra parte, el clan de Fuego siempre había sido tachado de rebelde e idealista, ya que su único propósito era vivir tranquilos en sus tierras. No acostumbraban a seguir normas establecidas y su sociedad se regía por la ley del más fuerte, dando gran importancia al valor y el sentido del honor. El poder y la riqueza era el motor de la sociedad de los Ángeles de Viento y no les importaba romper pactos y alianzas para alimentar su vanidad. En cambio, los Ángeles de Tierra eran cultos e inteligentes, pacíficos. No eran expansionistas, militaristas o interesados, sólo luchaban en sus fronteras para defender su territorio. Su ejercito no era numeroso, pero era sometido a la mejor preparación posible en Ánguelos. Comprometidos con la cultura y la investigación científica, también creían en el culto al cuerpo, por lo que disponían de una inigualable forma física. Aún así iban cediendo ante los ataques del clan de Agua, por lo que aceptaron el trato con el Consejo de Viento. Gracias a esto ganaron la batalla.

Continua en la página 3 (http://www.elrincondelmanga.com/index.php?name=PNphpBB2&amp;file=viewtopic&amp;p=16437#16437) de este tema

mutante
24-feb-2006, 05:19
un mundo de angeles!!!!! interezante, me gusta el comienzo... como si fuera un historia paralela a la nuestra ya sabes como lo que paso con adan y eva, todo era perfecto, hasta que se desato la maldad, igual en tu historia, genial!!! esperare la segunda parte, para ver que va a pasar con ese mundo, que esta pasando de ser perfecto, a un completo desastre....

Nenec
24-feb-2006, 12:13
Sí, creo que toda creación conlleva algunos parecidos XD. Me alegro de que te guste, pronto subiré más.

Pototo
24-feb-2006, 12:21
mas mas mas mas! nenec esta to wapo!

Noem9
24-feb-2006, 13:48
Pues está muy guapa la historia :o
Estaba pensando que era la introducción y había pensado que podías rellenar mucho más y explicar como transcurrían los sucesos, el nombre de los ángeles.... pero acabo de ver que es el prólogo jejeje :oops:

A mi también me ha parecido como la historia de la humanidad desde el punto de vista de la religión, llevado a un mundo fantástico en el que viven ángeles, la verdad es que está muy currado, parece que te gusta la escritura... Aquí tienes a un gustoso lector de narrativa de misterio, acción y fantasía :D

Veremos como te va con la obra, suerte con ello :wink:

PD: una pregunta, si lo has pensado en hacer seriamente, ¿sobre cuántas páginas has pensado que va a tener? :roll:

Nenec
25-feb-2006, 17:58
Es una trilogía que ya tengo estructurada, pero no sé cuanto ocupará exactamente. dependerá de lo que me extienda narrando los hechos. LLevo 5 capítulos (34 páginas) y hasta ahora sólo estoy introduciendo personajes, espacios, contextualizando... Cuando empieze la acción no sé cuanto tendré...

El el lunes pondré la 2ª parte del Prólogo ^^

mutante
26-feb-2006, 01:24
esperare el lunes con impaciencia... :) tengo que ser el primero en leer lo que sigue jejeje...
me encanta leer, es cuando mejor desarrolla uno la imaginacion... imaginandose los escenarios, los personajes, sus movimientos, sus ropas, por eso recomiendo leer mucho, mas historias como esta tan bien narrada, espero que empieses a dar una descripcion detallada de los personajes:)

Nenec
26-feb-2006, 22:43
Pues aquí ya es lunes (¬¬ bueno, ya sé que sólo son las 12,40, pero quería ponerlo). Espero que os guste. Dejad vuestros comentarios, me ayudarán a mejorar... ^^

mutante
27-feb-2006, 07:45
que te puedo decir!!!!!! :D :shock: :shock: :shock:

una guerra de clanes en un mundo donde ni siquiera conocian el miedo o la maldad, que empiezo tan original....!!!!!!!!!!!!!! :shock:
me encanta como diste a cada clan un elemento natural...y ese final que le diste al prologo lo deja a uno.. :shock:

narras excelente(te envidio :cry: ),. acaso has escrito algun libro antes,..
piensas poner todo lo que llevas aqui...

y para cuando el siguiente capitulo....????(perdon por tanta pregunta :D )

tengo que saber que sigue!!!!!... :shock: :shock:

pd.- te dije que seria uno de los primeros en leerlo jejejje, :wink:

Nenec
27-feb-2006, 09:45
No, siempre he escrito historias cortas o cuentos, pero así largo es lo primero que hago. El siguiente capítulo lo pondré el viernes, luego bajaré el ritmo, porque ultimamente no tengo mucho tiempo y no quiero alcanzar hasta donde llevo (estoy empezando el capítulo 6). Gracias por el apoyo ^^ Me alegra que te guste. Sólo aviso de que a partir del capítulo 1 la acción se desarrollará en nuestro mundo (ya vereis por qué).

Noem9
27-feb-2006, 13:32
Pues como te ha dicho mutante está muy interesante, la verdad es que el final me ha impresionado, no esperaba algo así, más bien una discusión quizás.... :o

Cuando acabes el primer tomo ya estás buscando una editorial para que se hagan cargo de distribuirlo porque está muy guapo!!! :P

Esto promete, cuando consiga (si lo consigo) hacerme diseñador gráfico me haré cargo de llevar tu historia a la gran pantalla xDD

Tienes talento para esto tio, en serio, tómatelo en serio y a por ello :wink:

Pototo
27-feb-2006, 15:28
se sale....

Nenec
27-feb-2006, 15:56
Dios!!! Ya me han ofrecido hacer la película (@.@ increible). XD Muchas gracias, en serio me pongo, pero me falta tiempo...

Respecto al comentario de Pototo... así me gusta... escueto ^^

XD

Pototo
27-feb-2006, 16:36
lo e resumio mi comentario jaja

Nenec
28-feb-2006, 15:30
Como veo que todo el mundo adelanta las cosas (bueno, sólo mutante) y como a mi me gusta su manga, yo he decidido, no adelantarlo, pero el viernes, en vez de poner la primera parte del capítulo 1, pondré el capítulo entero... ^^

mutante
01-mar-2006, 21:21
.................. perfecto!!!!!!!!!!!! :D

que mas puedo decirte........ quiero saber como vas a desarrollar la historia, eres muy bueno escribiendo¡¡¡¡¡¡¡¡ :shock:

Nenec
03-mar-2006, 13:02
Ya es viernes. Aquí el capítulo 1 al completo ^^ Que disfruteis!!!

mutante
04-mar-2006, 05:30
ahora si que me dejaste con muchas preguntas de la historia :shock: !!!!

pero se que se iran respondiendo, poco a poco,

como que le paso a la chica raquel?

que son esos sueños de uriel? (auque ya me lo imagino con el prologo que diste jejeje).

valla que haces que uno se meta a la historia....narras tan bien, eso de explicar lo del cabello del personaje,.. hasta parecia que me estabas describiendo a mi,jajajaja (ah como sufro para peinarme :? ) :shock: !!!!

puedo saber para cuando el siguiente capitulo? :D

_anthen
04-mar-2006, 07:42
Nenec me harias 1n gran favor si lo pusieras todo en el primer post .. piensa que cuando lleves 10 capituos xD la gente se volvera loka buscando la pagina y la historia :$ xD

Gracias amigo

Nenec
04-mar-2006, 08:56
Todo a su tiempo, jeje. Estás en lo cierto mutante, todo se irá solucionando... Y la verdad es que tienes razón _anthen, no había caido en que pudiera causar locura a la gente XD Ahora modifico todo esto... ^^

Noem9
04-mar-2006, 18:31
Guau tio..... acabo de leer el primer capítulo, que el otro día no estaba para leer en el ordena y..... ufff que pasada!!!! :o
Tienes mucho estilo al escribir, se te da muy bien eso de dejar en ascuas y de que tengas ganas de más y más jeje

Para mi has empezado muy bien, sin dar muchas pistas de lo que ocurrirá y con algunos hechos que hacen que te preguntes el porqué de algunas cosas... muy guapo, eso es :P

KeNyZ
05-mar-2006, 13:00
Muy bueno tio! se te da bien esto...a ver ke nos sacas en la segunda parte! la estaré esperando! ;)

Nenec
05-mar-2006, 18:48
Me alegra que os guste ^^ El viernes que viene pondré la 1ª parte del segundo capítulo

mutante
06-mar-2006, 02:29
perfecto¡¡¡

Nenec
09-mar-2006, 22:19
Pues ya es viernes XD Así que ya podeis encontrar en el post que abre este tema la 1ª parte del capítulo 2: Punto Alfa. Los Ángeles Buscadores

Espero que os guste ^^

Pototo
10-mar-2006, 12:06
jaja, ya deica yo ke me faltaba algo...

Noem9
10-mar-2006, 17:18
Lo he leído esta mañana entre unas clases que no he ido y tio......... pedazo de historia!!! :shock:
Se me ponían los pelos de punta y todo, en serio jejeje

Me ha gustado mucho el cambio en la historia de que uno del grupo tenía un futuro distinto elegido por los mayores, aquí es donde empieza la historia de verdad!!! :D
Estoy por esperar a que lo termines y leérmelo de tirón porque tio..... de verdad que engancha y está que se sale :P

El final ya ni te cuenta, nos dejas tope pillaos esperando la continuación.... :?:

Pototo
10-mar-2006, 18:57
es como con la serie de perdidos....

Nenec
10-mar-2006, 19:09
es como con la serie de perdidos....

Que serie más buena!!! Pero, a parte de dejar con la intriga, no tiene nada que ver XD

Me alegro de que os guste, en una semana... más ^^

Pototo
10-mar-2006, 19:36
dios siete dias!! no!!!

mutante
11-mar-2006, 21:14
esto se esta poniendo muy pero muy interezante :shock:

estoy estado de espera por el siguiente capitulo.. :cry:

Nenec
11-mar-2006, 22:55
Pues, y ya sé que me repito, me alegra que os guste, jeje.

Mutante, como vi tu portada, y me aburría, he hecho una cosa rara en Photoshop y lo he puesto de título del tema XD

http://img80.imageshack.us/img80/4132/eslabnpreludio7ta.gif

mutante
13-mar-2006, 04:30
:shock: :shock: genial... con animacion y todo!!!!

muy buen logo para la historia...

te quedo muy bien.... vas a ver que haci mas users les interezara comenzar a leerlo, :D

pd.. por cierto no se si ya notaste que soy un fanatico de las alas, por mi avatar, asi que con mas razon estoy emocionado con tu historia de eslabon preludio :wink: pero sobre todo que uno quiere saber que sigue en la historia.....

como dije estoy en estado de espera por el siguiente capitulo..... :shock:

y no es que exagere... :!:

Nenec
17-mar-2006, 16:02
Bueno... como ya es costumbre los viernes, ya podeis encontrar más de la historia de los Ángeles en el primer post, que tiene dos novedades: un bonito ( XD ) título y un botoncito para que podais ir a ver directamente el capítulo nuevo y no tengais que buscarlo. Sin más, espero que os guste ^^

mutante
18-mar-2006, 07:42
voy a empezar a leer el nuevo capitulo..;)

luego te digo mi comentario.....:)

Nenec
20-mar-2006, 12:45
Bueno... tenía un rato libre y estaba aburrido, así que he puesto un indice automático para los capítulos ^^

mutante
20-mar-2006, 20:56
ahora si que te puedo dar mi opinion, la volvi a leer toda desde el principio para agarrar bien el hilo, y sabes que ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡que bien escribes!!!!!!!!!!! :shock:

la verdad esta historia si esta para una pelicula, aahh ya me imagino con los efectos especiales que hay ahora como quedaria, 8)

tambien me dejaste picado para saber que va a suceder con uriel, para que lo quiere ese tal Jehudiel el angel buscador, jejeje y si uriel se volvera novio de raquel su eterna amiga, a la que aun no sabemos que rayos le paso cuando desaparecio.... tantas incognitas, que genial!!!! :shock: :D :!:

pd.-ya guarde la pagina completa en mi pc, esque el acomodo que le estas dando esta :shock: :shock:

Nenec
20-mar-2006, 21:42
En los próximos capítulos volveremos a hacer una regresión hasta la éspoca en que se inició la Guerra Eterna. Se solucionarán algunas incognitas, pero se crearán más de las que habrán desaparecido ^^

P.D: Yo, cuando escribo, muchas veces, me lo imagino como una peli, así que me ha hecho mucha gracia tu comentario XD

mutante
22-mar-2006, 17:58
igual yo hasta creo que lo imagino ya hecho animacion... :shock:

estaria genial, no crees, :wink:

entonces narraras mas detalladamente los hechos de la guerra eterna?

Nenec
23-mar-2006, 22:47
Sí, no toda la guerra, pero si los hechos que llevaron a los Ángeles hasta el mundo de los humanos ^^

Ya teneis la primera parte del capítulo 3...

mutante
23-mar-2006, 23:34
vamos a ver...¡¡¡¡¡¡¡¡ :D

luego te comento.. :D

mutante
30-mar-2006, 05:05
la verdad que como dijiste esto se esta poniendo cada vez mas y mas interezante...dejas muchas intrigas....como donde quedo ese libro?...espero saberlo mas adelante :lol: :D

perdona por no haberte dado mis opiniones antes pero esque me traen cortito en la escuela....

por cierto que pasa... que no les gusta leer a los demas...

lean la historia esta genial... apoyen a nenec...¡¡¡ :D


bueno, esperando el siguiente capitulo... que espero sea el viernes como lo has estas haciendo ultimamente.. :shock: :wink:

Nenec
31-mar-2006, 15:17
Según como me dé, lo pongo esta noche. Gracias por el apoyo, y tienes razón: LEEDME!!!! QUIERO SER LEIDO!!! QUIERO QUE ME CRITIQUEN; QUE ME DESCUARTICEN SI HACE FALTA!!! (Para mejorar, claro XD)

Ale, hasta luego (ya me he desahogado)

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Ya está la segunda parte el 3 ^^

mutante
31-mar-2006, 17:56
a checarla de inmediato..:)

Nenec
31-mar-2006, 22:20
Como no cabía más en el 1r mensaje, sigo aquí (no me había dado cuenta)

<a href="#3">3. Un nuevo universo. El Portal (2ª parte)</a>
<a href="#4">4. Unión de mundos. Los Ángeles Máximos</a>
<a href="#5">5. La abuela de Dan. Secretos (1ª Parte)</a>
<a href="#NUEVO!!!">5. La abuela de Dan. Secretos (2ª Parte) NUEVO!!!</a>


3. Un nuevo universo. El Portal (2ª parte) <a name="3"></a>

Los pactos se habían roto y, en aquellos momentos, los dos clanes más poderosos, los Ángeles de Agua y los de Fuego, se encontraban sumidos en una profunda crisis. Los Ángeles de Viento habían logrado convertirse en la potencia dominante y el clan de Tierra intentaba recuperarse del ataque de los Ángeles de Agua. El esplendor de Ánguelos decaía por momentos. Fue entonces cuando el Consejo de Tierra envió mensajeros al resto de clanes para convocar una reunión de los Ángeles Máximos en el Altar de los Sabios. Al parecer el Ángel Máximo de Tierra tenía una propuesta que hacerles. La reunión se celebró en secreto y los clanes llegaron a un acuerdo, pero la guerra debía continuar, por lo que no informaron de este pacto a la población. La propuesta del Ángel Máximo de Tierra fue unir los estudios y las copias que los sabios de las diferentes tribus habían hecho del Gran Libro para intentar recuperar alguno de los conocimientos contenidos en el tesoro perdido. El lugar donde se reunieron los documentos y los sabios de cada clan no se supo nunca, no así sus descubrimientos. Al parecer, las copias del Libro que poseía cada Consejo no eran gran cosa por separado. En cambio, al unir todos los archivos, los sabios se percataron de que casi poseían una reproducción del Gran Libro en su totalidad y, según dijeron, no creían que faltase nada importante, ya que ninguno de los sabios se había tomado la molestia de anotarlo. Los estudios de las escrituras duraron incontables Círculos. La guerra continuaba, pero sólo en fronteras y lugares apartados. Los Puntos Sagrados recobraban su belleza y su vida de antaño y, gracias a las enseñanzas del Ángel Primigenio, que se desentrañaban poco a poco, el nivel cultural de Ánguelos mejoró considerablemente, así como la calidad de vida de sus habitantes. El Mundo Angelical conoció una verdadera Edad Dorada.

***

Jehudiel hizo una pausa. Se sirvió un vaso de agua y miró a Uriel, que había permanecido absorto durante la narración.
-¿Tienes algo que decir antes que continúe?-preguntó.
-No-respondió el muchacho-, pero sigo sin entender mi papel en esta historia.
-Todo a su tiempo-le tranquilizó el Ángel Buscador-. La pérdida del Gran Libro y el hecho de que se uniesen los sabios para estudiar los textos que se habían copiado fueron las causas, quizá indirectas, de que llegásemos a vuestro mundo.
Uriel no dijo nada más. Jehudiel continuó.

***

Pero, por desgracia, esta Edad Dorada no duró eternamente. Los sabios de los diferentes clanes trabajaban juntos, pero muchos mantenían en secreto sus descubrimientos y sólo informaban de ellos al Consejo de su tribu. Finalmente la guerra se reavivó. El nuevo objetivo era conseguir los descubrimientos del oponente. Entonces apareció un sabio de Tierra que comunicó a los cuatro Consejos que debían reunirse con él. Había hecho un descubrimiento que cambiaría la vida de Ánguelos para siempre. A pesar de las protestas del Consejo de Tierra, que consideraba los actos de su sabio como una traición, la reunión se celebro en un lugar significativo: la Explanada Central, donde el Ángel Primigenio habló por última vez a los habitantes del Mundo Angelical. La noticia de la reunión llegó a oídos del pueblo, por lo tanto, en esta ocasión, la Explanada Central estaba tan llena como en el lejano Día de Salvación y Discordia. Todo el mundo esperaba expectante el anuncio del sabio, que se encontraba en medio de la multitud. Sus alas amarillentas, pero brillantes, así como su rubio cabello se mecían al ritmo del suave viento que corría entre la gente. Los cuatro Ángeles Máximos se encontraban frente a él. Los dirigentes de los Ángeles notaron como la dorada mirada del sabio les escrutaba como si no acabase de tener claro lo que les iba a revelar. Se aclaró la voz y dijo:
-He descubierto, en una de las copias hechas del Gran Libro, la descripción de un mundo que nos es desconocido, pero es real y se puede llegar hasta él.
La perplejidad se apoderó de los presentes.
-¿Perdón?-dijo el ángel Máximo de Agua.
-En uno de los pasajes del Gran Libro el Ángel Primigenio describe con precisión como es un mundo que está conectado con el nuestro, pero que no conocemos-repitió el sabio de Tierra.
Se empezaron a oír murmullos entre los Ángeles.
-¿Para eso nos haces venir?-preguntó indignado el Ángel Máximo de Tierra que ya se disponía a marcharse-. Tendrían que ejecutarte por hacernos perder el tiempo de esta forma. Otro mundo...¡tonterías!
-Hay más- dijo el sabio, haciendo que el Ángel Máximo de Tierra se detuviese en seco-. Si su existencia es real, como dice el Gran Libro, no podemos ignorarla, ya que nuestro mundo está íntimamente ligado con él. Bueno, realmente, lo que está relacionado con ese mundo que nos es desconocido es la destrucción del Mundo Angelical.
Los gritos y las protestas que generó esta afirmación hacían imposible la comunicación entre los Ángeles Máximos y el sabio, que les seguía mirando fijamente y parecía no inmutarse por el barullo. Palabras y expresiones como “escándalo” o “tomadura de pelo” se extendían entre el público como la pólvora. Los Ángeles más poderosos, los que pertenecían a los Consejos, parecían compartir la opinión del pueblo. Era imposible que existiese otro mundo y menos que su destino tuviese alguna relación con él. Parecía que nadie iba a entrar en razón y, a pesar de no aparentarlo, el sabio Ángel de Tierra empezaba a creer que nadie escucharía lo que tenía que decir. Entonces, una voz se alzó por encima del resto haciendo callar a todos los exaltados.
-Explícate-ordenó el Ángel Máximo de Fuego al sabio-. Si nadie tiene nada que objetar, me gustaría que dejásemos que se explicase.
El Ángel Máximo de Tierra tenía intención de protestar, pero, al ver como sus homónimos asentían, calló.
-Te escuchamos-se dirigió el Ángel Máximo de Fuego al sabio de Tierra-, nadie te interrumpirá hasta que acabes.
El Ángel de Tierra se aclaró de nuevo la garganta y comenzó con su explicación.
-Según explica el Ángel Primigenio en el Gran Libro, el Universo no es regular ni uniforme y no se encuentra concentrado en un solo plano. Al parecer, el Universo está formado por capas que se superponen unas a las otra y en cada una de estas capas hay un mundo diferente al resto. Normalmente los mundos coexisten sin influenciarse, porque el centro del universo propio de cada mundo se encuentra en puntos diferentes dentro de su capa. Pero, si da la casualidad de que el centro de dos mundos situados en dos capas adyacentes están a la misma altura dentro de sus respectivos planos, estos dos mundos podrían conectarse en caso de que se diese un cataclismo. Y, si recordáis, nosotros vivimos un cataclismo: el Día de Salvación y Discordia. Pues bien, este suceso abrió un brecha en la capa espaciotemporal de nuestro mundo, conectándonos así con un universo vecino. Como bien he dicho antes, se puede llegar a ese mundo. Os estaréis preguntando cómo. Lo hemos tenido delante todo este tiempo y no hemos reparado en su presencia. Lo que en el Gran Libro recibe el nombre de Portal y es el camino hacia otro universo es la mancha blanca de la Cúpula Superior por donde desapareció el Ángel Primigenio.


4. Unión de mundos. Los Ángeles Máximos <a name="4"></a>

Uriel no pudo aguantar más. Se levantó de la silla y empezó a pasear por la habitación. Lo que estaba escuchando era algo increíble. Mundos paralelos... Además, lo que más le había marcado era la afirmación de que el destino de Ánguelos estaba relacionado con el de su mundo.
-¿Por eso vinisteis?-preguntó- ¿Queríais saber cual era el destino de vuestro mundo?
-Sí y no-contestó Jehudiel-. No te negaré que queríamos saber a que se refería el sabio Ángel de Tierra. Pero, por otra parte, fue la fe en nuestro Creador lo que nos llevó a organizar una expedición a vuestro mundo.

***

Después de la reunión, el sabio Ángel de Tierra, llamado Gabriel, se retiró a estudiar el resto de documentos que, creía, podrían aportar algo de luz al nuevo descubrimiento. Por su parte, los Ángeles Máximos de cada clan decidieron discutir que medidas tomar para mantener a la población tranquila, mientras se descubrían nuevos indicios de la veracidad de la existencia de un mundo desconocido más allá de lo que ahora llamaban el Portal. La espera duró siete días, el periodo conocido como la Semana Oscura, ya que algunos sectores de la población, ante la impaciencia, habían provocado algunos disturbios difíciles de controlar. Al séptimo día, el Ángel de Tierra convocó a los Consejos de cada clan a un encuentro secreto. Lo que había descubierto esta vez no era algo que se pudiese airear a los cuatro vientos.

Entró en la gran sala del Palacio del Trueno, en la Montaña Tempestad, donde ya se hallaban los dieciséis dirigentes del Mundo Angelical. Muchos de los presentes se pusieron nerviosos al percatarse del aura de miedo que rodeaba al Ángel que en esos momentos se encontraba ante ellos. A diferencia de la última vez que lo vieron, cuando este se atrevía, incluso, a mirarlos con arrogancia, ahora parecía un ser completamente distinto: asustado y encogido, andaba encorvado, parecía que no pudiese dar ni un paso más antes de desplomarse. Lentamente levantó la mirada, mostrando así las enormes ojeras que rodeaban sus párpados. Era inaudito para aquellos seres ver un cuerpo tan deteriorado como aquel. No encontraban explicación a este hecho. Justo una semana antes, aquel sabio se había mostrado ante ellos en todo su esplendor. Después de una semana de estudio continuo e intenso, el cansancio había hecho mella en su cuerpo y su alma. El Ángel Máximo de Fuego se decidió a hablar:
-Amigo Gabriel, ¿qué te ha pasado?-escrutó con su mirada el despojo que se hallaba frente a él.
-Debemos ir...
La voz, ahora cavernosa, de Gabriel, resonó en todos los rincones de la sala de reuniones de los Ángeles de Viento. El silencio reinó durante unos instantes.
-¿Qué has descubierto?-preguntó uno de los Ángeles Consejeros de Agua.
-Él volverá para traer la Concordia-contestó Gabriel, que apenas podía articular palabra.
Todos los presentes se sobresaltaron.
-¿Él?¿Te refieres al Ángel Primigenio?-preguntó incrédulo el Ángel Máximo de Tierra.
-Sí-dijo el sabio-. Según el Gran Libro, se reencarnará, traerá la Concordia a los elementos y acabará con la guerra.
Un murmullo general invadió la sala. Un Ángel Consejero de Fuego alzó la mano para pedir silencio.
-Eso es una gran noticia. Pero, ¿qué tiene eso que ver con el mundo más allá del Portal?¿Por qué debemos ir?
-Porque el Ángel Primigenio se reencarnará en ese mundo que nos es desconocido-Gabriel empezó a exaltarse-. Uno de sus habitantes será nuestro salvador: el Eslabón.

Los grandes jefes de Ánguelos no dudaron un instante en organizar una expedición al mundo desconocido. La expedición, formada por cien Ángeles, veinticinco de cada clan, partió sin demora, sin darse cuenta del error que cometían. La misma noche que el centenar de Ángeles abandonó su mundo, Gabriel hizo un descubrimiento tan terrible, que murió de forma repentina en su estudio. El sabio Ángel de Tierra ha sido el único de su raza que no ha muerto a manos de uno de sus iguales.

***

-¿Perdón?-exclamó Uriel ante las últimas palabras de Jehudiel- ¿Cómo que a manos de sus iguales?
El Ángel Buscador sonrió.
-Los Ángeles somos casi inmortales. Sólo otro Ángel puede quitarnos la vida. No enfermamos ni envejecemos. Desde el momento en que nacemos, hasta que morimos, tenemos el mismo aspecto. Lo que le ocurrió a Gabriel es algo inusual entre los nuestros, pero pronto, en cuanto se supo lo que había descubierto, todo tuvo sentido.
-¿Qué descubrió?-preguntó con cautela Uriel que observaba el serio rostro de su interlocutor.
-A diferencia de lo que él había creído al descubrir la llegada del Eslabón-contestó Jehudiel-, este hecho no representaba la salvación de Ánguelos, sino su destrucción.

***

La expedición estuvo en el otro lado del Portal durante casi mil Círculos. Conocieron a los humanos y, por motivos desconocidos, algunos de los exploradores se quedaron con ellos. Al regresar, los Ángeles que volvieron fueron recibidos con grandes honores por haber establecido contacto con la raza a la que pertenecería el Eslabón. Pero, durante la recepción de bienvenida, uno de los ayudantes de Gabriel, que había seguido su investigación, apareció gritando.
-¿Qué habéis hecho?¡Nos habéis sentenciado!¡El Eslabón no nos salvará!¡Será la causa de nuestra caída!
Casi la población de Ánguelos al completo se encontraba en la Explanada Central. Se le pidió una explicación a aquel osado Ángel.
-¿Habéis olvidado el Principio de Discordia?-preguntó sin esperar respuesta- La Concordia que traerá la reencarnación del Ángel Primigenio es todo lo contrario a este principio. Si lo elementos cesan su constante lucha, Ánguelos será destruido.
El ruido que siguió a esta intervención fue ensordecedor. Muchos cuestionaban las palabras del investigador.
-¿Cómo lo sabes?-interrogó una voz entre el público.
-Fue el descubrimiento que acabó con la vida de Gabriel-contestó-. Su último descubrimiento. Lo encontré entre sus papeles.
La agitación fue en aumento y, antes de que fuese demasiado tarde, los Ángeles Máximos decidieron intervenir.
-Si eso es así-comenzó el Ángel Máximo de Agua-, no nos queda más remedio que resignarnos y esperar.
Algunos murmullos le interrumpieron.
-Aunque no hubiésemos conocido la existencia del otro mundo-continuó-, el Eslabón habría aparecido igual. Hubiésemos o no hubiésemos ido...
-¡Si no hubiésemos ido no habría pasado nada!-le interrumpió el ayudante de Gabriel.
El exaltado Ángel se acercó a los recién llegados.
-¿Por qué motivo os unisteis a esa raza?-preguntó casi en un susurro.
La sorpresa se reflejó en el rostro de los exploradores. Al parecer, sabían a que se refería.
-¡Exigimos una explicación!-ordenó el Ángel Máximo de Viento al grupo- ¿A que se refiere?
Uno de los cabecillas del grupo se adelantó.
-Cuando llegamos al mundo habitado por una raza llamada humana, vimos que estos eran muy primitivos y vulnerables-explicó el Ángel de Tierra-. Pero con ellos había un ser inteligente y bello como nunca antes lo habíamos visto. Ella dijo que nos esperaba, que necesitaba que nos uniésemos a la raza humana para que esta pudiese adquirir cualidades cercanas a las nuestra. Nos dijo que, si no lo hacíamos, aquella raza desaparecería en poco tiempo, ya que los humanos mueren cuando su cuerpo no puede aguantar más y su deterioro es inevitable. Llegamos a la conclusión que, si los humanos desaparecían, nunca llegaría el Eslabón. En aquellos momentos, todavía le considerábamos nuestro salvador.
-Por eso algunos de los vuestros no han vuelto...-reflexionó el Ángel Máximo de Tierra- ¿Cuántos no han regresado?
-Cuatro-contestó el mismo Ángel de antes-. Uno de cada clan. Ella dijo que, si nos quedábamos más, se rompería el Equilibrio, pero... no sé a que se refería.
-¿Quién es Ella?-preguntó el ayudante de Gabriel, incapaz de tranquilizarse.
-No lo sabemos-contestó un Ángel de Agua que formaba parte de la expedición-. Pero su belleza era inigualable. Nunca antes vimos un ser semejante. Además tenía alas. Unas alas doradas muy parecidas a las nuestras.
Durante unos instantes todo permaneció en el más absoluto silencio. Como si los elementos quisieran acompañar a sus protegidos en sus pensamientos, los ríos dejaron de hacer ruido al correr, cesaron las lluvias y los vendavales y las más feroces criaturas se tranquilizaron para no estorbar las cavilaciones de los Ángeles. La voz del preocupado ayudante de Gabriel rompió el silencio:
-¿Qué debemos hacer?-miró a los exploradores- Uno de vuestros herederos será nuestra perdición. Si no os hubieseis mezclado con ellos, su raza habría perecido y se habrían acabado todos nuestros problemas. El Ángel Primigenio nos abandonó a nuestra suerte...

***

-¿Es verdad que os abandonó?-preguntó Uriel cabizbajo.
-Al principio muchos lo interpretaron así-contestó Jehudiel-. Más tarde este hecho se interpretó como una verdadera salvación. No podemos parar la guerra por nosotros mismos, ya que el rencor que hay entre los diferentes clanes es demasiado grande. La única forma de que esta guerra termine es la llegada del Eslabón. Por supuesto, eso representa la destrucción de Ánguelos, pero también significa el fin de nuestro sufrimiento.
-¿Entonces ahora os da lo mismo la llegada del Eslabón?
-Sí-dijo el Ángel Buscador-. Pero algunos grupos aún piensan que nuestro Creador nos abandonó.
Hubo un corto silencio. Uriel pensaba que la historia de aquella especie era muy trágica. No sabía que decir.
-Ahora que conoces la historia-Jehudiel rompió el silencio-, ha llegado el momento que sepas tu papel en ella.
Uriel asintió, pero no dijo nada para no alargar de forma innecesaria aquélla espera.
-Como te dije antes, eres un Ángel Restaurador-explicó Jehudiel-. Los Ángeles Restauradores no son más que las reencarnaciones de los cuatro Ángeles, uno de cada clan, que se unieron a los humanos durante la primera expedición. A diferencia de vosotros, los humanos, los Ángeles no nos reproducimos sexualmente, por lo tanto no tenemos sexo definido. Para poder unirse a vosotros Ella les quitó la inmortalidad a cambio de un sexo. Cuando estos cuatro Ángeles, conocidos como Ángeles Fecundadores, murieron, sus almas permanecieron en este mundo para reencarnarse y restaurar la raza de la que son padres: los Ángeles Herederos. La disposición genética de los seres humanos hace que, poco a poco, la parte de Ángeles que tenéis se vaya degradando hasta casi desaparecer. En estos momentos sobre el planeta no deben quedar más de un centenar de humanos que conserven ese poder. Para evitar la extinción, cada cierto tiempo, aparecen los Ángeles Restauradores, que poseen un poder equivalente al de cualquier Ángel originario del Mundo Angelical.
Jehudiel hizo una pausa que Uriel aprovechó para hacer preguntas.
-¿Entonces soy la reencarnación de uno de esos Ángeles Fecundadores y mis descendientes serán la nueva generación de Ángeles Herederos?
-Sí-contestó el Ángel. Hizo una pausa-. Eres la reencarnación del Ángel Fecundador de Agua.
Jehudiel dibujó una sonrisa y miró a Uriel con cara de satisfacción. Uriel pensó que el Ángel Buscador se alegraba de que, al final, comenzase a comprender de que iba todo ese asunto.
-Creo que ya puedes irte-dijo Jehudiel-. El poder que tienes en tu interior está dormido, por ser un humano, así que habrá que despertarlo. Por ahora has recibido suficiente información. Te dejaré un tiempo para reflexionar, pero no olvides que pronto serás requerido para cumplir tu deber.
-Sólo tengo dos preguntas: ¿quién es Ella y a qué se refería con lo del Equilibrio?
-Aún hoy desconocemos la identidad de ese ser-fue la respuesta que dio el Ángel de Agua-. Respecto al Equilibrio... es algo que descubrimos más tarde. Al parecer vuestro mundo también está formado por la combinación de los cuatro elementos, pero, a diferencia del nuestro, se rige por el Principio de Equilibrio. Así como nuestro mundo se sostiene por la lucha constante de los diferentes elementos, el vuestro mantiene un delicado equilibrio entre estos. Si uno de los elementos se hiciese demasiado poderoso ocurriría algo terrible. Las grandes catástrofes naturales que azotan el planeta son consecuencia de un pequeño desequilibrio entre los elementos. Imagínate lo que podría pasar si la diferencia de poder se hiciese insalvable... Por ese motivo Ella sólo permitió que se quedara un Ángel de cada elemento.

Jehudiel le acompañó hasta la puerta del Punto Alfa, pero, cuando Uriel quiso darse la vuelta para despedirse, Jehudiel había desaparecido y se encontraba frente a la oxidada puerta de la nave número trece. Uriel suspiró. Miró la hora: eran casi las once de la mañana. No le apetecía mucho volver a casa. Estaba hecho un verdadero lío. ¿Qué estaba pasando?¿Quién era en realidad? Necesitaba despejarse. Se puso a caminar calle abajo, sin rumbo fijo, únicamente le apetecía dar un paseo, un largo paseo.

El día se le hizo eterno y, aquella noche, apenas logró dormir. Después de dos noches en vela no sabía como aguantaría al día siguiente. Como era domingo había quedado con Dan para ir a dar una vuelta y charlar, pero no sabía si podría caminar mucho sin caer rendido. Estas ideas se le pasaban por la cabeza cuando miró la hora y vio que aún eran las seis de la madrugada. Un rato después, finalmente, cayó rendido.

Un enorme desierto de arena rojiza, gobernado por el extenso cielo crepuscular, permanecía en el más absoluto silencio. De pronto, las nubes comenzaron a cubrir con su oscuro manto toda la árida zona. Un destello. Una enorme columna de fuego descendía desde el cielo para posarse en el suelo a tiempo de esquivar una tromba de agua que pretendía caerle encima. Los dos torbellinos, uno de tonos rojizos, amarillos y anaranjados y otro con una mezcla entre azul y blanco, parecían estar entablando una batalla a muerte. El remolino de agua embestía una y otra vez a la columna de fuego que crepitaba ante la insistencia de su oponente. El viento mecía a los dos colosos mientras la arena del desierto comenzaba a elevarse hasta tapar completamente la visión de la lucha. Al disiparse la cortina de polvo, la columna de agua había desaparecido. Pero el torbellino de fuego se hallaba allí, en medio del desierto, inerte, completamente congelado...

***

Una tenue luz blanquecina iluminaba la pequeña sala circular. A penas se podía apreciar la figura de los cuatro seres que permanecían sentados en unos tronos ricamente ornamentados. La reunión había comenzado unas horas antes, pero los temas que quedaban por tratar eran aún numerosos. Una única vez cada cien días, las puertas de aquel lugar se abrían para acoger las discusiones de los Ángeles Máximos. Sólo ellos conocían el emplazamiento exacto de este lugar: el Altar de los Sabios.

Después de tratar algunos asuntos comerciales, el Ángel Máximo de Agua pidió la palabra.
-Hace unas horas-expuso-, Jehudiel, nuestro Ángel Buscador, contactó con nosotros para informarnos de que ya había dado con el Ángel Restaurador de Agua.
-Eso es una gran noticia, Saeltiel-le dijo con una sonrisa su homologo de Tierra-. Ahora sólo falta que vosotros, Barachiel, encontréis al vuestro-dijo dirigiéndose al Ángel Máximo de Fuego y lanzándole una fría mirada.
-No hemos recibido ninguna noticia de nuestro Ángel Buscador-contestó Barachiel-, por lo tanto, pensamos que debe estar buscando todavía.
-Eso esperamos-intervino el Ángel Máximo de Viento-, porque, si por algún motivo, ya habéis encontrado a vuestro Ángel y no hemos sido informados... Sabes que no está permitido que el Ángel Buscador de un clan contacte con su Consejo antes de encontrar al Ángel Restaurador.
-¡Porque tendríamos que ocultar el hallazgo!-estalló el Ángel Máximo de Fuego- ¿Qué estáis insinuando?
-Venga Barachiel-dijo en tono burlón Saeltiel-, todos conocemos el poco aprecio que los vuestros sentís por los humanos. Así, que deja de disimular.
-Ahora es un gran momento para intentar destruirlos-continuó el ataque el Ángel Máximo de Viento-. Si os lo propusieseis podríais crear un gran desequilibrio y destruir el mundo humano y, así, evitar la llegada del Eslabón.
-¿Pero que estáis diciendo?-intentaba defenderse el Ángel-. Quizá no apreciemos a los humanos, pero respetamos al Ángel Primigenio y sus designios. Si es su voluntad la llegada del Eslabón, que así sea.
-Por favor-dijo sarcásticamente el Ángel Máximo de Agua-. Todos tenemos secretos. ¿Verdad, Barachiel?
El Ángel Máximo se puso nervioso y empezó a sudar. Intentó salir del paso como pudo.
-Bueno, el hecho es que aún tenemos tiempo para encontrar a nuestro Ángel Restaurador y no creo que haya que preocuparse.
-Queda menos de un mes-habló el Ángel Máximo de Tierra-. El veintinueve días se cumplirá el plazo de dos años que nos dio el Profeta. Entonces se hará la Ceremonia. La última fue hace casi nueve-mil años...
Por unos instantes de hizo el silencio. El Ángel Máximo de Tierra era el único de los presentes que había vivido aquel momento. Luego continuó, dando el tema por zanjado.
-Bien, siguiente tema...

Barachiel llegó a su despacho de la fortaleza situada en el Volcán Pireo. Allí se encontraba uno de sus Ángeles Consejeros.
-¿Qué tal?-preguntó- ¿Cómo ha ido la reunión en el Altar?
-Bastante bien-contestó el Ángel Máximo-. Hasta que Saeltiel tocó el tema de los Ángeles Restauradores. Al parecer ya han encontrado al suyo.
-Eso es una gran noticia-se alegró el Ángel Consejero-. Eso significa que, ahora que todos los clanes rivales han encontrado a su Ángel, sus Ángeles Buscadores ya han acabado su trabajo y dejarán de husmear por todas partes.
-Sí, el peligro de que nos descubran ya ha pasado. Pero creo que Saeltiel sabe más de lo que creemos.
-¿Crees que debemos enviar más espías a vigilarlo?-preguntó el Consejero.
-Hazlo. Pero que vayan con mucho cuidado y no se arriesguen a ser capturados.
El Ángel asintió y salió de la sala después de hacer una reverencia. Barachiel se sentó tras su escritorio y se quedó pensativo. Se avecinaban tiempos difíciles. No podía permitirse un fallo, no podía permitirse ser descubierto. No después de tanto tiempo ni de tanto esfuerzo.


5. La abuela de Dan. Secretos (1ª Parte) <a name="5"></a>

Uriel se despertó cerca de mediodía. Mientras desayunaba, oía a su padre que, desde el comedor, le reprendía que dormía demasiado. El sueño aún le pesaba, así que decidió darse una ducha para despejarse. El invierno se notaba en las temperaturas, que habían bajado considerablemente. Abrió el grifo del agua caliente, se desnudó y entró en la ducha. El agua caliente le reconfortaba, cayendo, uniformemente, desde su cabeza, recorriendo todas las partes de su cuerpo hasta los pies, así que, después de aclararse, no salió inmediatamente de debajo del chorro. Intentaba no pensar en lo acontecido el día anterior, pero era inevitable. Cerró los ojos. De pronto recordó lo que Jehudiel había hecho para persuadirle a escucharle y se percató de que, si, tal como dijo el Ángel Buscador, él era una de esas criaturas, en teoría, tenía poderes. Sin pensar muy bien que hacía, Uriel extendió su brazo derecho con la palma mirando hacia arriba y la acerco al chorro de agua. No sabía que debía hacer, pero intentó concentrarse en la palma de su mano, en el agua y en la imagen de aquella luz azul que envolvía la mano de Jehudiel cuando le atacó. Acercó, lentamente, la mano al chorro de agua, mientras se concentraba más y más. Cuando su palma estuvo bajo el chorro, la alta temperatura a la que se encontraba el líquido hizo que Uriel apartase la mano al instante. Se había quemado.
-Estúpido...-se dijo a si mismo.
Uriel se sentía idiota por haber pensado que todo aquello que le estaba ocurriendo era real. Se miró la palma de la mano. Para su sorpresa, su mano estaba brillando débilmente con una tenue luz azulada. Tragó saliva y, sin saber por qué, volvió a acercar su mano al chorro de agua. No notaba calor a medida que se acercaba, como hubiese sido normal, sino que notó como la temperatura de su brazo empezaba a bajar y, al tocar el agua, esta quedó completamente petrificada. El líquido había detenido su caída y se había convertido en una columna de hielo. No sólo eso, también las paredes, hasta el momento cubiertas de vapor, se encontraban ahora brillantes a causa de la capa de hielo que las cubría. Uriel, asustado, cerró el grifo. Su mano seguía brillando. Intentó alcanzar una toalla, pero, al alargar el brazo, una tromba de agua salió de la nada, manando de su mano. El suelo quedó anegado y Uriel ya no sabía que hacer. Su mano dejó de expulsar agua y, acto seguido, dejó de brillar. El joven Ángel Restaurador de Agua acababa de descubrir que poseía poderes activos. Se secó como pudo, se vistió y salió a la calle antes de que su madre se percatase de las reformas que había hecho.

Uriel no regresó a su casa a la hora de comer. A decir verdad, tampoco tenía hambre. No dejaba de pensar en lo que le había ocurrido unas horas antes. Estaba completamente desorientado. Vagó sin rumbo hasta que se encontró en el mismo lugar donde, unas semanas antes, había acabado después de una dura tarde buscando a Raquel. La torre de hormigón se alzaba antes sus ojos. Al contrario que aquella noche, no era el viento lo que le molestaba. Lo que le hizo apartar la vista fue la intensidad del Sol. Miró el reloj. Hasta dentro de dos horas no había quedado con Dan, así que se sentó en el mismo banco que la otra vez. No sabía muy bien a donde iba a ir con Dan. ¿Y si le contaba lo que le sucedía? No, le tomaría por loco, además, Jehudiel le dejo bien claro, antes de abandonar el Punto Alfa, que no podía contarle nada a nadie.

***

Una casa en lo alto de una montaña, un chip informático, un glóbulo rojo, un templo griego, la más profunda fosa marina, fuegos artificiales en un cielo nocturno, una brújula, un satélite espía, un pozo, una pradera en llamas,... Jehudiel se detuvo en mitad de la gran nave de color blanco y, poniendo su mano en el hombro de Uriel, detuvo también al muchacho.
-Hay algo que no te he dicho...-dijo muy serio el Ángel.
-Dime que todo esto es una broma-bromeó el chico con cara de circunstancia.
El Ángel Buscador dejó escapar una pequeña carcajada, pero pronto recobró su semblante original.
-Sé que quizá es lo que te gustaría escuchar, pero no, esto no es una broma, es algo muy serio-continuó-. Por eso nadie, absolutamente nadie debe saber que eres, es decir, no puedes explicar nada de lo que te he contado.
Uriel puso cara de disgusto y, a continuación, li invadió la ira.
-¿Cómo?-gritó-¿Que tengo que estar callado y no contarle esto a nadie? Me cuentas toda esa historia de los Ángeles y ahora ¿pretendes que yo, que, según tu, debo renovar una raza, me guarde todo eso para mi sólo?¡Dame un motivo convincente para que lo haga...!
Uriel iba a seguir gritando, pero Jehudiel le cortó alzando su voz por encima de la del adolescente.
-¿Quieres que cunda el pánico?¡No, no lo quieres!¡Pero esa no sería la peor de las consecuencias!¡De descubrirse nuestra existencia, no sólo los humano correríais peligro!¡El día que los humanos conozcan nuestra raza será el primer día de nuestro final! Por eso debes mantener la boca cerrada...
El Ángel se calmó al ver que Uriel agachaba la cabeza, arrepentido de su comportamiento. El muchacho comprendió que aquello era más grande que él y, por lo tanto, no era quien para oponerse.
-Lo siento.
-Yo también-le contestó Jehudiel con una vaga sonrisa en su rostro-. Vamos.
Siguieron, hacia la salida. La vibración producida por las cuerdas de una guitarra, una mariposa, el aula de una escuela, un paso de cebra japonés, una estatua hecha de cenizas, la cara oculta de la Luna vista desde el Sol, una hormiga, el Everest, un baño inundado,...

***

El chico salió de su ensimismamiento. Decidió ir hasta casa de Dan dando un paseo. No quería pararse, en cuanto lo hacía, empezaba a pensar en todo lo que le estaba pasando y creía volverse loco. Se puso en pie y continuó calle arriba, no sin antes dar un último vistazo a aquel edificio. No sabía muy bien porque, pero le gustaba. Es más, aquella edificación, por uno u otro motivo, le atraía de una forma singular. Creyó conveniente dejar de pensar en eso y empezó a andar.

Llegó a casa de su amigo media hora antes de lo acordado, pero a Dan no pareció molestarle. Al parecer Uriel había sido de lo más oportuno, porque antes de poder ir a dar una vuelta, Dan tenía que pasar a visitar a su abuela. Decidieron ir a ver a la anciana y después ir a ver si a Raquel le apetecía ir al cine.

-No conozco a tu abuela...
-¿Que pasa?¿Tienes miedo de enamorarte de ella?-se mofó Dan de Uriel.
El joven, colorado como un tomate, le dio un golpe a su amigo en el brazo.
-¡Estúpido!-dijo enojado- Lo único que pasa es que me da vergüenza...
-Bueno...-dijo Dan sarcásticamente- Ahora tiene vergüenza... ¡Por favor! Mi abuela tiene ochenta años, no creo que sea para asustarte...
-Vale, vale...-le interrumpió Uriel a la defensiva.
Dan aceleró el paso con una sonrisa de victoria en la cara. Por el contrario, Uriel no estaba de buen humor. La verdad es que no le apetecía mucho tener que aguantar a una vieja. Sólo esperaba que la visita fuese rápida. Aceleró el paso para alcanzar al otro muchacho que se encontraba unos metros por delante de él.

El bloque de pisos donde vivía la abuela de Dan se encontraba en primera línea de mar. Era un edificio antiguo, de cuatro plantas. Al parecer, la anciana vivía en el último piso y, como su comunidad no tenía ascensor, a menudo, su nieto le traía alguna cosa que necesitase. Según le dijo Dan a Uriel, antes era una persona muy activa, hasta dos años atrás, cuando se rompió una cadera. Aún arrastraba las consecuencias de la aparatosa caída. Aunque la fachada del edificio había sido restaurada, el interior de la escalera era algo ruinoso. Después de subir innumerables escalones, Uriel se encontraba allí, ante la puerta de esa mujer a la que desconocía y a la que no tenía ganas de conocer.

La mujer no era mucho más alta de un metro cincuenta y guiaba a los jóvenes a lo largo de un estrecho pasillo, cojeando. Al abrir la puerta, Uriel pudo apreciar la expresión de amabilidad y alegría en el rostro de la anciana, al fin y al cabo, estaba sola. La abuela de Dan tenía el pelo corto y canoso y, según le pareció a Uriel, parecía más joven de lo que le había dicho su amigo.
-Llámame Joanne-le dijo a Uriel cuando este se presentó.
Joanne les hizo sentar en unos maltrechos butacones y fue a buscar unas pastas. Ninguno de los dos muchachos habló. Uriel empezó a inspeccionar la sala con la vista. La iluminación era escasa. Las cortinas oscuras no dejaban pasar la luz, y el marrón de las paredes no favorecía a la claridad. A medida que pasaba la vista por los muebles se fue inquietando. En toda la sala había pequeñas figuras, pinturas, fotos,... de unos seres alados. Uriel creyó enloquecer. Estaba rodeado de representaciones de Ángeles.
-¿Te gustan los Ángeles, Uriel?-le dijo la anciana que regresaba de la cocina.
-¿Cómo?-dijo Uriel que seguía desorientado.
-Digo que si te gustan los Ángeles.
-Bueno...-no supo que contestar el adolescente, que empezaba a sudar exageradamente.
-¡Uy, que tímido!-exclamo Joanne con cantinela.
Uriel se sonrojó, más aún cuando Dan le susurró que creía que le había caído bien a su abuela. Dan le tendió una bolsa a su abuela y esta inspeccionó el contenido. Al perecer eran algunos alimentos y algunos productos de higiene personal. Mientras Dan le comentaba a la anciana algo que le había dicho su madre, Uriel no podía evitar mirar los Ángeles repartidos por la sala. Cada vez estaba más nervioso. Joanne dijo que iría a dejar la bolsa en la cocina.
-Acabaos las pastas-dijo con una sonrisa mientras se ponía en pie, pero se tambaleó y cayó de nuevo en la butaca. Le costaba respirar.
-¡Abuela!-gritó Dan, abalanzándose sobre la anciana que emitía angustiosos quejidos- ¿Dónde tienes la medicación?
Después de unos segundos, y con gran esfuerzo, consiguió articular una palabra:
-Ha... habitación...
Sin saber por qué y pese a no conocer la casa, Uriel se adentró en el pasillo que, según dedujo por la dirección que había tomado Joanne cuando fue a por las pastas, se dirigía a la cocina.

Efectivamente, la cocina se encontraba al fondo, y a lo largo del pasillo, que era aún más tenebroso que el salón, encontró tres puertas. La primera era la del baño y estaba abierta, así que pasó de largo. Fue entonces, cuando vio la segunda puerta, cuando Uriel empezó a temblar. La puerta, de madera, blanca, como el resto, tenía una cerradura debajo de un pomo de cristal y, en el centro, estaba decorada con un Ángel dorado. El chico se estremeció y se quedó hipnotizado mirando aquella figura. Pese a su tamaño, no más de veinte centímetros, contaba con el más mínimo detalle, incluso se podían ver las separaciones entre las plumas de sus cuatro alas. Su mirada era profunda y penetrante, tan real... Uriel acercó la mano al pomo, aunque sabía que, seguramente, no debía hacerlo. Intentó girarlo, pero, en cuanto la superficie helada del cristal le rozó la piel, el joven recibió una descarga que le hizo apartar la mano al instante. Se quedó pasmado mirando al Ángel. Estaba convencido que le devolvía la mirada.
-Uriel, ¡date prisa!-le gritaba Dan desde el salón.
Uriel volvió a la realidad y escuchó un grave quejido de dolor. Se acordó de la medicación. Tuvo suerte de encontrarla en la mesita de noche que había al lado de la cama, nada más entrar por la puerta de la habitación de Joanne. Era un inhalador de los que usan los asmáticos. Corrió por el pasillo, hacia el salón, pero no pudo evitar mirar de reojo la puerta del Ángel al pasar.


NUEVO!!! <a name="NUEVO!!!"></a>

-¿Por qué has tardado tanto?-le reprochó Dan.
Joanne respiraba con regularidad. Estaba sudando. Uriel dudó unos instantes.
-No... no conozco la casa...
-Déjale Dan-le defendió la anciana en un tono de voz casi imperceptible-. Gracias. A los dos...
Hubo un largo silencio. Sólo se escuchaba el ruido de la calle y la respiración de la abuela de Dan. Uriel no sabía donde mirar. ¿Qué hubiese pasado si hubiese tardado más? Entendía el enfado de su amigo. Pero, aquella puerta...
-Si quieres irte a casa...-le dijo Dan, más calmado- Yo me quedaré hasta que...
-¡Ni hablar!-le interrumpió Joanne, que parecía haber recuperado toda su energía de repente-. No te preocupes por mi, ya estoy bien. Sabes que me pasa a menudo. Además tendréis cosas que hacer.
-Pero...-intentó frenarla su nieto, pero Joanne ya le empujaba hacia la puerta.
Al llegar a la entrada de la casa, la abuela de Dan abrió la puerta con una sonrisa en la cara.
-Vendré mañana a ver como estás, ¿vale?-preguntó su nieto.
-Está bien. Ven cuando quieras-le dijo antes de darle un beso en la mejilla.
Se giró y miró a Uriel. Este se sobresaltó. No supo qué, pero notó algo en la mirada de la anciana cuando sus ojos se cruzaron. Pareció que le atravesaban el alma.
-Uriel, tú también puedes volver cuando quieras-le dijo-. Eres un Ángel...
Las pupilas del adolescente se dilataron al máximo y no fue capaz de parpadear. Joanne cerró la puerta.
-Oye, ¿vamos o qué?
-¿Eh? Sí, vamos...-fue lo único que le salió de su seca garganta.
Empezaron a bajar las escaleras.
***

Joanne se encontraba tras la puerta de entrada, escuchando los pasos de los dos muchachos. No se movió hasta que se dejaron de escuchar. En ese momento, la cara de la anciana cambió de forma radical. Perdió su semblante amable, que fue sustituido por una seriedad y una rectitud que Uriel no hubiese pensado que podía adquirir aquella mujer. Con paso firme y decidido, sin cojear un ápice, entró en el salón y se dirigió al pasillo que llevaba a la cocina. Se detuvo ante la puerta que tenía el Ángel de alas doradas como decoración. Sacó una llave de uno de los bolsillos y la introdujo en la cerradura. La hizo girar, giró el pomo de cristal y empujó la puerta hacia adentro. Entró, cerró y echó la llave.

La habitación era pequeña, sin ventanas, por lo tanto, oscura. La única luz que se percibía era emitida por nueve velas que se encontraban sobre un escritorio antiguo, de madera marrón oscuro, con los tiradores dorados. El resto de paredes estaban completamente tapadas por estanterías que llegaban hasta el techo. Estas estanterías estaban repletas de volúmenes antiguos, forrados en piel. Algunos eran manuscritos de antes que se inventase la imprenta. Lo único que destacaba, por su brillantez, era el marco dorado de un gran espejo que se hallaba colgado tras la pared. Sobre la mesa había un libro abierto. Sus paginas amarillentas y sus maltrechas tapas eran un claro reflejo de su antigüedad. Joanne se acercó al escritorio, tomo con cuidado el libro y lo cerró. Se acercó a una de las estanterías y colocó el libro en el único hueco libre que quedaba. En el lomo del libro, con letras doradas, rezaba: “Los Ángeles Restauradores y los Ángeles Herederos”. Junto a este libro, a lado y lado, se encontraban dos grandes tomos titulados “El gobierno de los clanes de Ánguelos” y “Historia del Mundo Angelical”. La anciana pasó su mano por encima de los lomos para quitarles un poco de polvo.
-¿Qué piensas?-preguntó una voz femenina que salía de la nada a la mujer- ¿Estás nerviosa?
Sin ni siquiera sobresaltarse, Joanne se giró lentamente, abandonando los libros en la estantería.
-No-contestó, sola, de pie en medio de la habitación-. Sé que mi cometido es muy importante y que cargo una gran responsabilidad sobre mis espaldas, pero así lo quiso el destino y no soy quien para contradecirle. Haré lo que deba hacer.
Hubo silencio durante unos instantes. A continuación la misma voz que antes volvió a resonar por toda la sala.
-Me temo que te equivocas. No fue el destino quien te escogió, fui yo...
-Tienes razón-dijo la anciana girándose hacia el espejo de detrás de la puerta.
Se acercó lentamente hacia él y se detuvo a un par de pasos. No se reflejaba nada en el espejo, su superficie era completamente negra. Pero, de pronto, se pudo vislumbrar una figura al otro lado del espejo. La figura se escondía entre las sombras, pero podía distinguirse su silueta, que, de vez en cuando, emitía destellos dorados. El ser del otro lado del espejo habló:
-Le he visto...
-¿A quien?¿Uriel?-preguntó Joanne.
-Sí, ha sentido mi atracción. Se detuvo ante la puerta. ¿Qué opinas de él?-preguntó el ser con su harmoniosa voz.
-No creo que debamos preocuparnos. Yo también he notado algo en él, pero creo que, simplemente, es un poco más sensible que el resto de humanos y por eso ha notado tu presencia.
-Te equivocas-la contradijo el ser-. No ha sido capaz de tocar la puerta, aunque lo ha intentado. Ha recibido una descarga.
Joanne pareció ponerse nerviosa y empalideció de repente.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Sabes que sólo tú y las personas corrientes podéis tocar esta puerta-continuó-. La descarga es un sistema de seguridad que sólo afecta a aquellos seres con poderes angelicales.
-Eso quiere decir que...
-Sí, es uno de ellos-le corto.